martes, 26 de abril de 2011
CARTA DEL SHEIKH MUHAMMAD AL-HÎBRI (+1939) DIRIGIDA A SUS DISCÍPULOS (*)
Hermanos míos, os doy una recomendación que será de provecho para vosotros en esta vida y en la otra: manteneos en la invocación de Allah en secreto y en público; vuestra invocación debe cumplirse con la concentración en la meditación (fikra), pues, el dhikr es luz y la fikra es su rayo –su irradiación-, y toda claridad desprovista de irradiación no permite ninguna visión. Lo podéis constatar entre los devotos reclusos –que se dan al retiro- que oran durante meses o años pero no cosechan más que esterilidad, pues, no se preocupan de la irradiación de su invocación, es decir, de la fikra.
Ibn ‘Atta ‘Allâh al Iskandari (+1309) decía al respecto: “No es la lluvia lo que se espera de una nube sino los frutos (de esa lluvia)”. Toda invocación sin meditación (fikra) es estéril, nula. Por contra, una invocación refleja –meditada- es capaz de enrraizar y florecer sobre una roca. “La más noble de las ciencias es aquella que se recibe en compañía de la meditación” dicen los maestros, “El rechazo de las pasiones favorece el flujo de la meditación”, decía en el mismo sentido el sheikh Darqâwî (+1823), ésta favorece la adquisición de la ciencia inspirada (al-‘il al-wahbî), y esta llevará a la gran certeza (al yaqîn al kabîr); por último, ésta expulsará definitivamente toda duda o ilusión y conducirá a su detentor directamente a la Presencia (Sakîna) del Señor Omnisciente. Llevad vuestra concentración sobre vuestro propio ser y no os alejeis de ella, pues, en ella está todo.
sábado, 16 de abril de 2011
ENTENDER A LA LUNA: REFLEXIONES SOBRE EL EQUINOCCIO Y LA CUARESMA, por Armando Montoya-Jordán
Hace poco mientras revisaba una breve obra del joven Mircea Eliade, (Una nueva filosofía de la Luna, Editorial Trotta, 2010) no pude dejar de sorprenderme por la actualidad y vigencia que su obra parece aun ejercer sobre la cultura contemporánea, sedienta de mascaradas e iconografías que destellen el imaginario colectivo de los individuos que la conforman, una sociedad desgarrada por la tiranía del relativismo absoluto. El resultado de todo ello se ve reflejado en la primacía de los lenguajes tecno-cientificistas del mundo actual, fenómeno que ha virtualmente empequeñecido la capacidad reflexiva mas íntima del ser humano.
En un breve pero muy significativo ensayo sobre el papel de la Luna en la ascensión del horizonte de la cultura en los albores de la humanidad, Eliade nos propone buscar la reflexión adecuada para entender el papel del astro terrestre en la conformación de la conciencia humana y su subsiguiente influencia en la concreción del fenómeno conocido como “Cultura”. Ahora bien, en el lenguaje del pensador rumano, por lo demás un lenguaje proverbial que logra plasmar una hermenéutica del mito, la cultura posee un valor absolutamente capital para con lo religioso, lo cosmológico y lo espiritual, en suma, lo sagrado. Y en toda su obra lo sagrado está estrechamente vinculado al despertar de la agricultura, o sea el culto a la tierra y su relación con la renovación de la vida. Cultivar y culto son pues dos acepciones recíprocas y denotan la cualidad polisémica del término cultura. En la cosmovisión de Eliade, la Luna, como astro menor que circunda la Tierra, a pesar de su pequeñez en comparación con el gran astro solar, posee una significatividad irrefutable en la formación del carácter humano, pues ha sido gracias a su constante presencia que la humanidad ha sabido establecer un vínculo directo con la naturaleza, haciendo posible el puente entre cosmos y humanidad. Ese gran salto ha significado pues que el ser humano haya sido finalmente capaz de integrar el conocimiento de la naturaleza a su condición existencial, transformándolo en lenguaje, y consecuentemente en cultura.
sábado, 9 de abril de 2011
EDITORIAL Abril 2011
Si acaso el milenarismo apocalíptico que ha inquietado a tantas generaciones estuvo justificado en su momento por graves calamidades, guerras, hambrunas, peste... qué decir de los tiempos que corren, porque las actuales catástrofes, muchas ya irreversibles, superan con creces todas aquellas. Pero el estado de ánimo no es el mismo, ni el modo de entender los sucesos tampoco; nada viene ya del cielo, ni bendiciones ni maldiciones, la ilusión en nuestros propios recursos, que los provocan mayormente o no los saben preveer, es enorme, y el tratamiento mediático que reciben próximo al espectáculo, anula muchas veces una reacción correspondiente o una toma de consciencia cabal de la situación.
El estado mental colectivo no está preparado para todo, pero el sopor que lo embota y del que es en grado sumo inconsciente, lo aleja lo suficiente de todo para no sentir demasiado la proximidad del peligro ni el clamor ajeno, ni el propio que bulle en su interior, tal como estuviera encerrado en un grueso cascarón de indiferencia, sumido en sus exclusivas miserias cotidianas y minucias personales. Ante lo funesto solo caben leves pábulos de incomodidad, alzamiento de hombros, pequeñas alarmas confusas, inquietudes opacas que desatan desánimos que se vierten al exterior en forma de agresividad e insensatez normalmente.
Hablar del final, del caos general y de malos augurios ante un porvenir incierto, no es “politicamente correcto” en un mundo que vive de espaldas a la realidad presente, proyectado a un futuro imaginario, aplazando todas las soluciones para mañana; el pesimismo está prohibido, los agoreros son “antisistema”, peores que delincuentes porque atentan contra el centro vital del sistema: la ilusión, ¿qué seria de las masas sin ilusión? La zanahoria de un “mundo feliz”, de “bienestar social”, ni Orwel, que era progresista, le dió crédito, pero ha de mantenerse viva la utopia, tanto como el sueño de las masas, no sea que despierten los borregos y se conviertan en lobos al ver que el barco de los ciegos va a la deriva gobernado por tuertos con ínfulas de cíclopes pero con galopantes cataratas. La inercia brutal de los intereses más abyectos no permite, al parecer, ningún cambio en la buena dirección, tan solo acelerar el desastre.
El despertar espiritual pasa necesariamente por un despertar a la situación real del mundo que vivimos, de su marcha cíclica inexorable, de los rítmos que lo gobiernan desde lo atómico a lo sideral, desde lo tangible a lo invisible, desde lo conocido a lo ignoto. El despertar reclama la consciencia de nuestros verdaderos límites para trascenderlos, porque realmente lo único que perdura es la Faz del Altísimo, que no por altísimo está menos aquí y ahora presente, siempre y sin interrupción. Esto lo siente el corazón del amante y ya no teme nada, pero ha tenido que despojarse de toda forma de ilusión, la más importante: la de una personalidad limitada a un cuerpo y a una historia profana manipulada por los intereses más obscenos.
¿Qué más ha de pasar para tomar consciencia de la nefasta dirección que han tomado las cosas dirigidas desde el puente de mando de la modernidad y el “progreso” ?
Redacción
miércoles, 30 de marzo de 2011
RENÉ GUÉNON Y EL SHEIJ SALÂMA RÂDÎ (y III), por Muhammad Hassan Chadli
Será en otra ocasión cuando abordaremos en detalle la vía del Sheij Salâma y, sobre todo, estudiaremos su función y expondremos de manera detallada y profunda la doctrina que ha enseñado. Terminaremos ahora estas notas biográficas y las que conciernen a la organización de su tarîqa relatando dos episodios relacionados conjuntamente con el Sheij Salâma y el Sheij ‘Abd al-Wâhid Yahyâ.
En la parte de su libro referida a “los milagros del santo” (130), M. Gilsenan habla de una categoría de milagros (karâmât) que se reproducen periódicamente: se trata de aquella relativa al socorro dado en caso de desamparo (najda), o a la protección y la asistencia del Sheij hacia un hermano de su comunidad. Los miembros de la tarîqa se limitan a considerar estos hechos como “sobrepasando la inteligencia”, “situados más allá de la comprensión de la razón” (fawq al-‘aql), o “sobrepasando la naturaleza humana” (fawq al-bashariyya). Consideraremos dos ejemplos dados en la obra, relatados por los discípulos del Sheij, y posteriormente describiremos otro que hemos oído nosotros mismos.
En un pueblecito del campo egipcio, un hombre fue apartado, con un gesto vivo y enérgico, del paso de un tren que no había visto dirigirse hacia él. Otro cayó de uno de los puentes que franquean el Nilo, en El Cairo. Enseguida fue sacado del agua vigorosamente, y la voz del Sheij le dijo entonces: “¡deberás poner más atención la próxima vez!”.
Ahora, se trata de René Guénon. Estaba paseando en solitario por un bosque próximo a Blois, como muy tarde al final de sus estudios secundarios. Empezaba a caer la lluvia, y fue en este momento cuando se deslizó en un agujero profundo del cual no podía salir. La lluvia aumentaba, volviendo resbaladizas las paredes, y la salida imposible. Además, la oscuridad se iba acentuando con la llegada del crepúsculo. Las probables llamadas de auxilio se perdían irremediablemente. Es entonces cuando surgió una mano que le agarró firmemente, y repentinamente levantado se vio sacado fuera del agujero. En el momento de reencontrarse sus espíritus, el desconocido había desaparecido. Años más tarde, a la edad de más de cuarenta años, el Sheij ‘Abd al-Wâhid Yahyâ se encontraba en El Cairo. Pronto, encontrándose por primera vez con el Sheij Salâma Râdî, sería presa de temblores y, en un estado de “trance”, exclamó: “¡Hâdhihi! ¡Hâdhihi! ¡Es ella! ¡Es ella!”, reconociendo probablemente la mano (131) que le había ayudado en su juventud (132).
lunes, 21 de marzo de 2011
RENÉ GUÉNON Y EL SHEIJ SALÂMA RÂDÎ (II), por Muhammad Hassan Chadli
Los “Reglamentos de las Ordenes sufíes” (Lâ’ihat at-Turuq as-sûfiyya) (73) de 1895 instituyeron este Consejo Sufí compuesto por el khedive (74), el virrey de Egipto, como presidente; el Jefe de Maestros (Ra’îs al-Mashâyikh), designado por el khedive (75); cuatro miembros permanentes procedentes de los Maestros dirigentes de las turuq de El Cairo, elegidos por sus iguales en asamblea general; y cuatro suplentes (artículo 3).
El nombre de la familia al-Bakrî, que acabamos de citar en nota, y cuya genealogía se remonta al primer califa del Islam, Abû Bakr, no es del todo desconocida por los lectores de René Guénon. En efecto, se menciona en el pasaje siguiente: tras haber considerado a los Ismaelitas, Drusos y los Nosaïris como “sectas” (firâq), prosigue: “tales sectas no tienen ninguna relación con las verdaderas turuq, que son 72 (éste podría ser un número simbólico, pero, según una lista establecida por Sayyid Tawfîq El- Bakrî, parece que es igualmente el número exacto)” (76).
Los miembros de las turuq estaban sometidos a los decretos del Consejo Sufí, los cuales a su vez eran conformes a la Ley sagrada (artículo 5). Cualquier conflicto, en el seno de una tarîqa, entre los representantes de un Sheij y sus discípulos, o entre los propios discípulos, era competencia y quedaba bajo la responsabilidad del Sheij de la tarîqa (artículo 12), no interviniendo el Consejo más que en caso de conflicto entre los miembros de turuq contra uno de sus maestros (artículo 13).
sábado, 12 de marzo de 2011
RENÉ GUÉNON Y EL SHEIJ SALÂMA RÂDÎ (I), por Muhammad Hassan Chadli
Por cortesía de la redacción de la revista Letra y Espíritu, en la que apareció publicado al castellano, insertamos en nuestro blog un artículo de Muhammad Hassan Chadli sobre René Guénon y el Sheikh Salâma Râdî, publicado originalmente en francés en la revista La Regle d’Abraham nº 26, la cual, también amablemente, nos ha concedido permiso para su publicación en M-T. Tanto por los datos vertidos en él sobre un aspecto poco conocido de la vida en El Cairo del sheikh ‘Abdel Wahid Yahya, como los que se refieren al tasawwuf del sheikh Salâma y a las diferentes regularizaciones de las turuq que en esa época se consignaron afectando a todo el corpus iniciático posterior del Islam, este trabajo ofrece el más alto interés. (La redacción)
René Guénon en El Cairo.
René Guénon llega a Egipto a principios de marzo de 1930 “con el objetivo de buscar, hacer copiar y traducir diversos tratados de esoterismo islámico”(2), para la editorial “L’Anneau d’Or” que él había creado antes de su partida (3). Con este objetivo, podía consultar los fondos de la biblioteca nacional de El Cairo o de la universidad El-Azhar, tal y como más tarde haría Osman Yahia para los manuscritos de Ibn ‘Arabî (4). Pronto le sería posible, por su frecuente trato con ciertas organizaciones iniciáticas (turuq, singular: tarîqa), acceder a las fuentes más reservadas, como él mismo reconoce en la conclusión de “La chirologie dans l’ésotérisme islamique” (5): “Los datos que han servido como base para estas notas han sido extraídos de tratados inéditos del Sheij Sayyid ‘Alî Nûreddîn El-Bayyûmî, fundador de la tarîqa que lleva su nombre (bayyûmiyya); estos manuscritos están aún en posesión de sus descendientes directos” (6)
Se tiene tendencia a olvidar que, una vez instalado en El Cairo, René Guénon fechó todos sus artículos escritos para Le Voile d’Isis en referencia a la Hégira (7). Este olvido se debe al hecho de que algunos de estos artículos hayan sido incluidos por el autor en uno u otro de sus libros. En cuanto a aquellos que serán recopilados en las obras póstumas, se han descuidado muy a menudo estas indicaciones, las cuales sin embargo no están desprovistas de significado. El primer texto publicado, “La Grande Guerre sainte”, aparecería en mayo de 1930, y tendría fecha del primer dhû-l-qa’da 1348 H. (8). En algunos artículos, a veces la fecha va acompañada de una anotación aclaratoria, como por ejemplo al final de “El-Faqru”: “Mesr, 11-12 rabî ‘al-awwal 1349 h. (Mawlid En-Nabî)” (9), es decir: “Nacimiento del Profeta”. Encontramos también referencias a otras fechas conmemorativas o de aniversario, como las relativas a los nacimientos de Sayyidnâ El-Hussein (10) (uno de los hijos de Alî, el cuarto califa y yerno del Profeta), y de algunos Maestros del Sufismo como por ejemplo los del Sheij El-Bayyûmî (11) y de Sayyidî Ismâ’îl El-Imbâbî (12).
sábado, 26 de febrero de 2011
ALGUNOS ASPECTOS DEL SIMBOLISMO DEL COMPÁS, por H:. Graal
Junto a la escuadra, el compás es el instrumento más emblemático de la Franc-Masonería y de la ciencia constructiva que la caracteriza, la Arquitectura, llamada en la antiguedad Arte de la Geometría por ser una directa aplicación suya. En su sentido genérico el oficio de masón es el de geómetra, no solo en un aspecto "idealizado" que hace referencia al arte de los antiguos constructores de catedrales, sino en el estrictamente iniciático y operativo, dado que la geometría es una ciencia sagrada, un "Arte Liberal", cuyo carácter simbólico encierra el conocimiento de los secretos y misterios de la Construcción cósmica. "Dios geometriza al crear", dice Platón, lo que confirman también otras tradiciones a parte de la Masonería, como puede verse en el hinduismo con la figura de Viswakarma, el Arquitecto divino. Y en el cristianismo con el Cristo Pantocrator trazando con el compás los límites del mundo, especialmente en la iconografía medieval. Es así también que la inscripción grabada en el exterior del templo de Apolo en Delfos indicaba expresamente: "Que nadie entre aquí si no es geómetra", pues va de suyo que en este oficio iniciático es imposible conocer la Voluntad o Plan del G:. A:. D:. U:. sin conocer asimismo los principios espirituales de esta ciencia. Y decimos “espirituales” porque el conocimiento meramente escolar, especulativo y técnico de la geometría llamada “analítica”, no es, en este caso, sino una pálida sombra de la verdadera geometría iniciática. En el mismo sentido, es fácil también reconocer la presencia de una geometría natural en la estructura de todas las formas vivas, presencia que abarca desde lo atómico a lo sideral y el ámbito general del espacio, concebible y expresable en términos geométricos por una intuición innata en el ser humano.
jueves, 17 de febrero de 2011
PARAMARTHASARA (1-4)* de Abhinavagupta (y comentarios de Yogaraja). परमार्थसारः
¡Que el Supremo Señor sea siempre victorioso! Nunca ha nacido (es eternamente existente). Siendo experto en el arte del propio ocultamiento, ya que, aunque la naturaleza de su Ser es la Conciencia plena, asume la forma del mundo.
Considerando que me ha sido solicitado por personas sabias, Yo, Yogaraja, escribo este comentario, de carácter explicativo, a este sintético compendio sobre la Suprema Verdad [“Paramarthasara”], obra de mi maestro [Abhinavagupta], añadiéndole nuevas consideraciones. Teniendo en cuenta que el propósito de este Tratado era el conseguir la destrucción del sin fin de impedimentos que proceden del dominio de la falsa identificación del Sí Mismo con el cuerpo individual, el autor, Abhinavagupta, expresa, al principio de este Texto, su profunda aspiración por identificarse con el Supremo Señor, renunciando a su forma mundana, que le convierte en un experimentador limitado, y asegurándose su unión con su propia esencia divina, cuya naturaleza es la Pura Conciencia y el Supremo gozo. Esta es la esencia de todo lo escrito.
Verso 1
परं परस्थं गहनादनादिमेकं निविष्टं बहुधा गुहासु।
सर्वालयं सर्वचराचरस्थं त्वामेव शम्भुं शरणं प्रपद्ये॥१॥
paraṃ parasthaṃ gahanād anādim
paraṃ parasthaṃ gahanād anādim
ekaṃ niviṣṭaṃ bahudhā guhāsu |
sarvālayaṃ sarva-carācara-sthaṃ
sarvālayaṃ sarva-carācara-sthaṃ
tvām eva śambhuṃ śaraṇaṃ prapadye || 1||
Al que transciende, al que está más allá de Maya, al que no tiene principio, al Uno, al que existe en todos los seres en multitud de formas, al que es el refugio de todo y está en todo lo animado e inanimado, a Él solo, ‘Sambhuṃ, me dirijo en busca de protección.
jueves, 10 de febrero de 2011
INTRODUCCIÓN AL SHIVAÍSMO KASHEMIR, por Arcadio Rojo*
Conceptos centrales de la doctrina
La escuela Trika del Shaivismo es un protagonista firme del Monismo Integral. En consecuencia postula la existencia de una Única Realidad a la que le asigna diferentes nombres como “Parameshvara” (El Supremo Señor), “Paramashiva” (El Supremo Dador de Bienes), “Parasamvid” (La Suprema Conciencia), “Parapramata” (El Supremo Sujeto), “Caitanya” y “Atman” (Él Sí Mismo).
Siendo la Única Realidad, se dice que el Supremo Señor se manifestó Él Mismo bajo dos formas, Él es la realidad inmanente y, como tal, está presente en todos los seres animados e inanimados, constituyendo su más profundo sí mismo. Él es el refugio de todas las cosas, en cuanto que toda la creación existe en Él Mismo. De igual forma Él es también el ser transcendente más allá del Cual nada existe. Él es llamado, por tanto, por el nombre de “anuttara”, “Paratattva” (La Suprema Verdad), el Ser Absoluto.
“Paramashiva” esta provisto de su divina “Shakti” (Poder Eterno, Energía Suprema), sin ningún tipo de restricción en su naturaleza, recibiendo el nombre de Libertad Divina (“svatantrya”) en la escuela Trika. La divina Shakti no es un mero atributo perteneciente al Supremo Señor; de hecho, constituye un aspecto integral de su Ser e inalienable a su propia naturaleza. Y es a causa de su divina Shakti, que constituye la esencia y el espíritu del Supremo Señor, que se dice de Él que es la Plenitud misma y, por tanto, siempre en eterna paz.
martes, 1 de febrero de 2011
LA CIENCIA DE LAS LETRAS EN 'IBN 'ARABI Y RENÉ GUÉNON (y II), por Abdelbaki Meftah.
PROFETOLOGÍA Y CIENCIA DE LAS LETRAS
Las letras mentales: de Adán a Salomón
Las letras mentales: de Adán a Salomón
En la profetología akbariana, toda ciencia está ligada a un profeta en particular. Las ciencias relativas a las letras mentales se relacionan, como hemos dicho, con Adán; tuvieron su plenitud exterior con el profeta Salomón. Ibn ‘Arabi indica que de las tres categorías, estas letras mentales producen, cuando son evocadas mediante la concentración, los efectos más directos y más eficaces (35). Es gracias a una de sus aplicaciones que el ministro de Salomón pudo, en un abrir y cerrar de ojos, poner ante Salomón, en Palestina, el trono de la reina “Balkis” del Yemen. Salomón encarnaba el Poder Real activo de este lenguaje espiritual, de manera que todos los elementos de la naturaleza y del mundo se sometían espontáneamente a su orden. Es por ello que dice el Corán: « Y Salomón fue verdaderamente heredero de David; y decía: “¡Oh gentes! Nos ha sido enseñado el lenguaje de los pájaros y se nos ha dado en abundancia de todo...”» (Corán, XXVII, 16)(36)
Las letras pronunciadas: De Seth a David y Jesús
Por lo que hace a las ciencias relativas a la categoría de las letras pronunciadas, éstas se vinculan al profeta Seth, hijo y heredero de Adán. Se remontan pues al inicio del ciclo terrestre de la actual humanidad; tuvieron su expansión con el rey Profeta David, como indica este versículo: «En verdad, agraciamos a David con Nuestro favor: “¡Oh montañas! ¡Entonad alabanzas a Dios junto a él! ¡Y también vosotras, las aves”» (Corán, XXXIV, 10). La ciencia de estas letras tuvieron su plenitud en la persona de Jesucristo, que es, según el Corán, “el Verbo de Allah” (kalimatu Allah) y cuyo cuerpo fue sembrado en el seno de Santa María por el soplo del Espíritu Santo, el Ángel Gabriel. Con su aliento resucitaba a los muertos y daba vida a pájaros de arcilla. Así, Jesús se identifica con el Aliento divino existenciador de los seres y de las letras, y representa la conjunción perfecta entre la ciencia de las letras y la ciencia de los Santos, él, que para Ibn ‘Arabi, es el “sello de la Santidad Universal” (37).
lunes, 24 de enero de 2011
LA CIENCIA DE LAS LETRAS EN 'IBN 'ARABI Y RENÉ GUÉNON (I), por Abdelbaki Meftah (*)
(*) Abdelbaki Meftah, especialista en Ibn Arabi, ha publicado Mafatîh fusûs al-hikam; exprofesor de ciencias físicas de la universidad de Guemar, Argelia. Responsable de la Tariqa Belkaidia, rama de la Habrîa (shadilia-darqawia) de la misma ciudad. Agradecemos especialmente su preciosa colaboración y su amable interés por esta publicación.
INTRODUCCIÓN
En primer lugar, deseo expresar mi agradecimiento a todos cuantos han participado en la organización de esta conferencia, por haberme dado la ocasión de hablar de la ciencia de las letras que es uno de los aspectos esenciales de la doctrina sufí, explicitada por el Cheikh al-Albar Ibn ‘Arabi (1165-1240 /560-638 H.) en varias de sus obras (1), particularmente en algunos de los 560 capítulos de su inmensa y fundamental obra “Las iluminaciones de la Meca” (Al Futûhâtu al-Makkiyah) (2). La complejidad, tecnicidad, densidad y extensión, literalmente sin límites, de esta ciencia, no permiten indicar con detalle las líneas de este océano sin orillas. Solo para la explicación de sus fundamentos elementales haría falta una extensa obra. Para darnos una idea de la inmensidad de esta ciencia, Ibn ‘Arabi señala que una de sus secciones comporta por sí sola 3.540 preguntas (3). Digamos no obstante algunas palabras para intentar hacernos una idea de la cuestión.
En primer lugar, Ibn ‘Arabi no se plantea la clásica pregunta del origen del lenguaje, producto de una institución divina o de una convención humana, pues para él todos los nombres y todas las palabras son Nombres y Palabras divinas desde toda la eternidad, todos los seres son Palabras inagotables (4).
Encontramos esta misma concepción en René Guénon (1886-1951), quien expuso las líneas directrices globales para abordar la ciencia de las letras. Escribió seis artículos, cuyos títulos son: “La Ciencia de las letras”, “Angeleología del alfabeto árabe”, “La lengua de los pájaros”, “Los misterios de la letra Nûn”, “Un jeroglífico del Polo” y “Quirología en el esoterismo islámico” (5). En su artículo “Er-Rûh” (6) (el Espíritu Universal), da también un ejemplo de un simbolismo muy importante relativo a las dos primeras letras del alfabeto árabe. En todos estos trabajos se adivina ya las tres principales categorías de letras y sus ciencias.
jueves, 13 de enero de 2011
ENTREVISTA A JEAN CLAIR (el arte moderno a debate)
Jean Clair (1940), pseudónimo literario de Gérard Régnier, es un personaje tan importante en el mundo de la cultura artística como incómodo para muchos prosélitos incondicionales del arte moderno, los adictos a la necedad estética y ética de las tendencias de moda y las travestidas “vanguardias”. En su libro “La responsabilidad del artista” (Visor. Madrid 1998. Y También: Ed. A. Machado Libros. 1999) el autor se preguntaba: "La estética ¿es el último coto vedado de las ideologías?; los artistas ¿deben seguir disfrutando de esa inmunidad (crítica)?..." También nosotros nos preguntamos a qué se debe esa, no ya inmunidad sino impunidad, casi delictiva de niño mimado, estúpido y “gamberrete”, que la sociedad otorga al artista moderno, aplaudiéndole todas sus sandeces, perversiones e incluso excrementos (ver Piero Manzoni, Galeria Pascetto 1961. “Merde d’artiste”) cuando los hace pasar por obra de arte. De igual modo y en otro libro (De inmundo. Arena Libros. S. L. Madrid 2007) el autor dice del arte actual: "El tiempo del disgusto ha reemplazado a la edad del gusto. Exhibiciones del cuerpo, desacralización, rebajamiento de sus funciones y de sus apariencias, morphings y deformaciones, mutilaciones y automutilaciones, fascinación por la sangre y los humores corporales, y hasta los excrementos, coprofilia y coprofagia (...) el arte se ha empeñado en una extraña ceremonia en donde lo sórdido y la abyección escriben un capítulo inesperado de la historia de los sentidos (...) se plantea el siguiente problema: ¿en qué los responsables de las grandes instituciones culturales, en Cassel, en Londres, en Nueva York, en París, en Venecia, tienen interés en bendecir esta ritualidad de una fisiología desnuda?..." y por cierto repugnante.
martes, 28 de diciembre de 2010
LA FRANC-MASONERÍA ANTE LA MENTALIDAD MODERNA, por H:. Graal
Sólo con leer atentamente el ritual de recepción y los manuales de instrucción del primero de los grados masónicos, el de Aprendiz (perfectamente asequibles en cualquier librería especializada) podrían disiparse gran número de confusiones que sobre muchos aspectos de la iniciación masónica afectan a gran parte no sólo de “profanos”, sino también de representantes de esta Orden. Por ejemplo, qué lectura tiene la Francmasonería del mundo moderno y qué valor otorga a sus criterios generales, pues no son pocos quienes, llamándose masones, los aceptan como algo normal, en especial los “cientificamente” probados, incurriendo en una evidente contradicción con sus ideas y su labor iniciática, la cual entonces es absolutamente inoperante, al menos en la dirección adecuada. Igualmente, en qué consiste en el fondo el perfeccionamiento iniciático del masón y qué papel tiene efectivamente la Orden en relación al hombre y la sociedad. Y esto es doblemente importante en cuanto que la doctrina masónica se define esencialmente como una cosmogonía, como una cosmovisión sagrada como sus propios elementos simbólicos y rituales, cosmovisión que difiere de la profana ordinaria y profana, por científica que sea, como cualquier otra tradicional auténtica, entendido que una verdadera cosmogonía encierra todos los principales aspectos de la realidad, y todos los conocimientos posibles accesibles al hombre, el cual dentro de ella no juega un papel accidental sino central y definitivo, al punto de considerarse un verdadero microcosmos perfectamente análogo al Cosmos.
martes, 21 de diciembre de 2010
SOBRE LAS PRESENCIAS DIVINAS Y LOS ESTADOS DEL ALMA EN EL SUFISMO, por Manuel Plana
Taw'il y Tafsir, Tasawwuf y Shari’a
En algunos hadith el Profeta (slaws) afirma explícitamente del Corán tener dos principales sentidos, uno interior y oculto (Batîn) y otro exterior y evidente (Zahîr) (1); cada uno tiene también aplicaciones distintas, aunque siempre complementarias, derivándose las dos principales líneas de exégesis (Istinbât) o discernimiento escriturario ('Ilm al Furqan) (2), la hermenéutica coránica: el Taw'il, interior, espiritual y metafísica, y el Tafsir, exterior y religiosa. A la primera corresponden las ciencias del Tasawwuf, de orden esotérico e iniciático, a la segunda las de la Shari’a y el Fiq, de orden religioso y legislativo respectivamente.
Es competencia del Tasawwuf la realización espiritual y la unificación suprema, meta última del “monoteismo” primordial y abrahámico. Y la de la Shari’a, la sacralización de la vida individual y social, su tiempo y su espacio, en vista a esa unificación como modelo pero según las posibilidades de la gran mayoría, las cuales se limitan a la perfección moral personal. Siendo un solo bloque, ambos no se sitúan en un mismo nivel sino que uno ocupa la base y el otro la cúpula del edificio, uno es el núcleo y otro la periferia; es del primero de donde le viene toda la eficacia al segundo, que no es sino una aplicación analógica al orden de las contingencias externas, que así quedan integradas a un orden sagrado.
En algunos hadith el Profeta (slaws) afirma explícitamente del Corán tener dos principales sentidos, uno interior y oculto (Batîn) y otro exterior y evidente (Zahîr) (1); cada uno tiene también aplicaciones distintas, aunque siempre complementarias, derivándose las dos principales líneas de exégesis (Istinbât) o discernimiento escriturario ('Ilm al Furqan) (2), la hermenéutica coránica: el Taw'il, interior, espiritual y metafísica, y el Tafsir, exterior y religiosa. A la primera corresponden las ciencias del Tasawwuf, de orden esotérico e iniciático, a la segunda las de la Shari’a y el Fiq, de orden religioso y legislativo respectivamente.
Es competencia del Tasawwuf la realización espiritual y la unificación suprema, meta última del “monoteismo” primordial y abrahámico. Y la de la Shari’a, la sacralización de la vida individual y social, su tiempo y su espacio, en vista a esa unificación como modelo pero según las posibilidades de la gran mayoría, las cuales se limitan a la perfección moral personal. Siendo un solo bloque, ambos no se sitúan en un mismo nivel sino que uno ocupa la base y el otro la cúpula del edificio, uno es el núcleo y otro la periferia; es del primero de donde le viene toda la eficacia al segundo, que no es sino una aplicación analógica al orden de las contingencias externas, que así quedan integradas a un orden sagrado.
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