“Mundo Tradicional” es una publicación dedicada a la revisión y estudio de los principales aspectos de las diferentes tradiciones espirituales, que también prestará atención a temas de actualidad relacionados directa o indirectamente con ellas, como el arte, la ciencia y las corrientes de pensamiento que, a favor o en contra, ejemplifican el estado general de las cosas dentro de una sociedad llamada “moderna” cuya orientación más clara parece ser una deriva progresiva hacia un estado de confusión lamentablemente más y más generalizado.

sábado, 12 de abril de 2014

EL CORAZÓN EN EL SHIVAISMO TÁNTRICO DEL CACHEMIR *, por Pierre Feuga

Es sabido que en las tradiciones gnósticas de la India (sâmkhya, vedânta, jñâna-yoga), el corazón (hrid o hridaya) no tiene relación con los sentimientos sino con el conocimiento; no es la sede de las sensaciones, emociones o pasiones sino la del intelecto, en el sentido guenoniano del término, de esta pura intuición intelectual (buddhi o mati) que ve directamente las cosas bajo su verdadera luz sin pasar por el intermediario de lo mental (manas). Aun más, desde los más antiguos upanishads (1), el corazón es considerado como el centro del “alma viviente” individual (jîvâtman), idéntico en su esencia al Principio supremo del universo (Paramâtman o Brahman). Nuestra individualidad humana es a la vez somática y psíquica o, en términos hindús, grosera y sutil. Es de todo este compuesto –y no solo del cuerpo material- del que el corazón (la “caverna” o el “santuario”) es el centro. En tanto que víscera muscular, que órgano central del aparato circulatorio, parece en verdad que gobierna y ritma la vida y, cuando se para, aparentemente la vida se detiene. Pero no se trata más que de la vida de un cuerpo, de este cuerpo “hecho de alimento” (annamaya). La vida sutil, ella, puede continuar, prolongarse bajo otras formas individualizadas, existiendo de nuevo alrededor de un centro, por lo tanto, simbólicamente, de un “corazón”. Pero esto no es lo más importante. Pues, más allá de la Vida –incluso escrito con mayúscula-, más allá de las “vidas” –incluso si no se conciben éstas como una sucesión mecánica y simplista de “reencarnaciones”-, este corazón metafísico del que hablamos permanece en tanto que Consciencia. Pero esta Consciencia no nace ni muere, no crece ni decrece, ni está más sometida al tiempo que al espacio, no tiene forma, no tiene causa, sin opuesto o complemento, ella ES. Fuente de vida, el Corazón (no dudamos en emplear la mayúscula) trasciende pues la vida. Es el “Si mismo” (âtman) más íntimo del ser, él es el Ser (sat), es la Consciencia (chit) cuyo único objeto, no distinto de ella misma, es la Beatitud (ânanda). Conoce todas las cosas pero a Él nadie Le conoce (como se conocería a un “otro”). Para conocer-Le, hay que ser Él (“Se conoce al Él mismo por Él mismo”). Esta enseñanza, tan simple e insondable, está a su vez en el “corazón” de toda la Tradición hindú; constituye lo esencial, su núcleo indestructible. No es incluso exagerado afirmar que cualquiera que la haya comprendido –comprensión primero intelectual y sobre todo, luego, efectivamente “realizada”- puede prescindir de estudiar todo lo demás, todas las otras especulaciones, prácticas o técnicas que no son, según expresiones vedánticas, más que “diversiones infantiles” y “castillos en las nubes”.

miércoles, 26 de marzo de 2014

¿QUÉ ES EL SUFISMO? ENTREVISTA CON MICHEL CHODKIEWICZ (*)

Michel Chodkiewicz, Director General de editions du Seuil hasta junio de 1989, Director de Estudios en la École des Hautes Études en Sciences Sociales. Su familia de origen católico polaca se estableció en Francia en 1832. En el curso de un viaje por los países árabes descubrió el sufismo y se convirtió al Islam a la edad de 17 años. Desde entonces ha realizado incansablemente una investigación de los textos de Ibn’Arabi, que constituye el objeto de su seminario en la École des Hautes Études
Investigación continuada por dos de sus hijos, como Claude Addas que publicó una obra en la que relata el itinerario espiritual y geográfico del Sheikh al Akbar: “Ibn’Arabi o la búsqueda del Azufre Rojo” (Paris, Gallimard, 1989).
 Michel Chodkiewicz está considerado uno de los mejores especialistas del pensamiento “akbariano”. Bajo su dirección, la editorial Sindbad acaba de publicar una edición crítica de Futuhat al Makkiyya – Las Iluminaciones de la Meca –. 
La entrevista concedida a Elias para la “Tribune d’Octobre” (Montreuil, nº 19, marzo de 1990) es la prolongación de una conferencia dictada en 1990 en el Institut du Monde Arabe que tenía como título “Certezas y conjeturas sobre la influencia del sufismo en el pensamiento occidental”.


¿Por qué, en su opinión, el Occidente medieval prestó tan poco interés por el sufismo al mismo tiempo que bebía sin problemas de las ciencias árabes? ¿Puede que sea debido a razones puramente técnicas?

No creo que para explicar esa aparente falta de interés se deba recurrir a razones puramente técnicas debidas, por ejemplo, a dificultades de acceso a las obras del tasawwuf. No veo por qué sería más difícil encontrar textos sufís que textos filosóficos o científicos. Por otra parte, la cuestión de la complejidad de tales textos tampoco parece ser ninguna explicación. Los de Averroes o de Avicena no eran menos difíciles. Por lo tanto, este tipo de explicaciones, en caso de tenerse en cuenta, me parecen ser extremadamente secundarias. Veo la razón principal en el siguiente hecho: en materia de filosofía y de ciencias, Occidente era deficitario. Los árabes tenían un considerable adelanto en medicina, astronomía, matemáticas, etc.
El Occidente cristiano tenía también carencias culturales en materia de pensamiento especulativo. Pero su fe, su comprensión de las verdades de la fe, su vida espiritual, eran suficientemente robustas como para impedir la aparición de un sentimiento de vacío que hiciera falta colmar. Creo significativo que el interés por el sufismo y por otras tradiciones orientales haya surgido precisamente en el momento en que la fe y los valores espirituales se habían debilitado en Occidente. El movimiento se empieza a dibujar en el siglo XVIII, se confirma en el XIX y se acelera en el XX: efectivamente, es en el siglo XX cuando, por una parte, se traducen muchos textos sufís, y por otra, asistimos a movimientos de conversión al Islam en Europa y América, determinados por esta atracción por el sufismo.

sábado, 15 de marzo de 2014

EDITORIAL PRIMAVERA DE 2014

La única explicación razonable a los desmanes del hombre moderno y al clima de zozobra que está provocando a nivel general, es que se ha vuelto un peligroso imbécil para sí mismo. Pero incluso así, hay que admitir que es un tipo de imbecilidad muy curiosa, es una imbecilidad que intenta justificarse por todos los medios posibles con grandes propagandas de enmienda, renovación y salvamento en un contexto donde son ya irreversibles las derivas de sus muchas inercias e inútiles las medidas a tomar, por lo que se trata de una imbecilidad autoconsentida por ella misma pero disfrazada de cordura ocasional; no es mera hipocresía sino una especie de esquizofrenia suicida.

La religión achaca este imbecilismo criminal no al hombre mismo sino al diablo; es Satanás y sus secuaces quién inspira al hombre ese comportamiento, el cual y debido a su propia anemia espiritual, es un títere en sus manos. Sin ser del todo falso, no podemos ver a Satán, empero, como algo ajeno al hombre, como una entidad separada con una existencia propia y con un poder que supera al humano, y a veces al “divino”. Más bien vemos una actitud, una tendencia oscura y latente en el hombre mismo que despierta y se incrementa cuando la consciencia de lo divino en él se duerme, quedando abandonado a sí mismo como mero individuo. Tampoco esa tendencia es un poder que lo supere sino sólo en la medida que es inconsciente de ella y la confunde con alguna virtud, como ahora ocurre con la ambición, la codicia, el egoísmo, la astucia, la promiscuidad, la indiferencia ante el mal ajeno, etc... tan bien considerados por la mentalidad moderna -junto a la “competitividad”- y tan detestados en cambio por la tradicional. Siendo una tendencia, una actitud latente, forma parte de sus propias posibilidades en cuanto se desvían algunas de su orientación original, pues la falta de luz aparta también a la voluntad de su meta más noble. Es la misma fuerza del bien utilizada para el mal, si así pudiera decirse, pues realmente, tanto o más trabajo exige hacer el mal que el bien. Todo su ingenio lo pone el hombre al servicio de sus instintos más primarios y egoístas –realmente infrahumanos- que anidan en él por su condición misma de “animal humano”, después de quedar exhausto por una controversia interior desgarradora. Ciertamente el hombre es espíritu, pero por su condición corporal insertado a una forma animal, por la que comparte una misma sensibilidad con la fauna planetaria, una misma voracidad e instinto de conservación y, sobretodo en su caso, de posesividad.

miércoles, 26 de febrero de 2014

REFLEXIONES SOBRE EL EVOLUCIONISMO A LA LUZ DE LA METAFÍSICA Y LA FÍSICA TRADICIONAL (y II), por Manuel Plana

La materia “prima” de los mundos es absolutamente ininteligible al no estar diferenciada y ser indistinta; es la materia “segunda”, ya cualificada de algún modo, la que se presta a este discurso, pero no gracias a ella misma sino a las cualidades que le imprime la luz o la “energía” de esa Consciencia necesaria cuya “existencia” niega la ciencia moderna, a pesar de hacerse tan evidente en todas las cosas y en el hombre especialmente. La materia “prima”, dice R. Guénon: “...es el único principio que puede llamarse propiamente <ininteligible>, no porque no seamos capaces de conocerlo, sino porque no hay efectivamente en él nada que conocer.” (El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos. C-11. pg. 13).

La ciencia empírica moderna no ha hecho sino substituir un modelo  anterior vivo, orgánico y multidimendional del universo (una verdadera Imago Mundi) por otro mecánico, como los propios artefactos que fabrica. ¿Qué Imago Mundi mental tiene el hombre moderno contemporáneo?

Para eso ha tenido primero que invertir el orden natural de las cosas, especialmente el concepto de calidad o cualidad por el de cantidad en todos los órdenes, presumiendo después de que es la cantidad de la que proceden por evolución todas las cualidades, en última instancia, la consciencia y la vida mismas, y eso es el materialismo. Sin embargo, nadie en su sano juicio podría afirmar que la cualidad sea reducible a la cantidad, bien a la inversa, la cualidad es absolutamente independiente de ésta. Del mismo modo, la naturaleza de la consciencia no es cuantitativa (ni “material”) sino puramente cualitativa; un grado “mayor” o “menor” de consciencia entre seres y especies no puede medirse por referencias cuantitativas sino por evidencias cualitativas, no materiales. Tampoco la finalidad de la inteligencia o la consciencia en el hombre es el poder fáctico de construir artefactos cada vez más sofisticados, desarrollar la tecnología, sino conocerse a ella misma en todo lo que tiene de profunda e ilimitada, en eso consiste su plenitud y su perfección.

viernes, 14 de febrero de 2014

DOCUMENTAL MUNDOS INTERNOS-MUNDOS EXTERNOS



Incluimos el siguiente documental por la calidad de sus imágenes y su tempo, a pesar de alguna escasa referencia moderna un tanto confusa, tan frecuentes en este tipo de vídeos. Sirva como muestra visual de la Perfección divina plasmada en la Manifestación. 

martes, 28 de enero de 2014

REFLEXIONES SOBRE EL EVOLUCIONISMO A LA LUZ DE LA METAFÍSICA Y LA FÍSICA TRADICIONAL (I), por Manuel Plana



“Contempla, o Prithi, Mis formas.”
(Bhagavad Gîta. 11.5)

(...)  El Pândava  contempló entonces, en el cuerpo del Dios de Dioses,  el Universo  entero con múltiples diferenciaciones unido en una sola forma.”                                                                                                    (Bhagavad Gîta. 11.13)

“En verdad, esta Mi Forma que acabas de ver (Arjuna), es muy dificil de contemplar.”
 (Bhagavad Gîta. 11. 52)


La hipótesis moderna de que la consciencia y la vida proceden de la materia por evolución de la misma, y también el ser humano, que lo hace a partir de un tipo de simio que ha seguido una evolución transformista por adaptación temporal, se apoya en unos ejes principales que cabe examinar no sólo a través de la "lógica" materialista de la ciencia moderna, sino también de la física y la metafísica tradicional, cuya competencia al respecto en ningún caso ha devaluado aquella. 
El primero de estos ejes es una concepción exclusivamente lineal, homogénea, uniforme y progresiva del tiempo, es decir, mecanicista, la única que podría concebir un desarrollo indefinido del ser vivo en una sola dirección y en una sola dimensión. 
El segundo, una concepción confusa y puramente cuantitativa de la materia limitada a lo sensible, es decir, la materia “extensa”, separada e independiente de todo principio agente, plasmador y formativo. 
Y otro axis, quizá el más curioso, es la creencia en un “azar” como substituto de una consciencia, voluntad o entidad creadora, azar que sería el responsable de la aparición de la vida química de la materia tanto como de las leyes naturales, de su evolución formal, siempre in crescendo, como de la consciencia misma. Nos centraremos de momento en estos tres puntos aunque sin duda podríamos encontrar más. 

martes, 7 de enero de 2014

LA INFLUENCIA CABALÍSTICA EN LA ELABORACIÓN DEL GRADO DE MAESTRO EN LA FRANCMASONERÍA, por Henrik Bogdan

El propósito de este artículo es aportar una nueva visión de las teorías de Arthur Edward Waite (1857-1942), erudito en francmasonería, que defendió la idea de una influencia de la cábala sobre el grado de maestro en francmasonería. Según Waite, la búsqueda masónica de la palabra perdida del Maestro presenta una intrigante similitud con las especulaciones cabalísticas sobre la pérdida de la correcta designación del nombre de Dios, el Tetragramaton (YHVH). Después de una breve descripción de la elaboración de los grados fundamentales, abordaré la leyenda de Hiram para compararla luego a la búsqueda cabalística de la verdadera pronunciación del Nombre de Dios. Finalmente, nos referiremos al estado actual de la investigación para evaluar la aportación de la teoría de Waite.

Los “Craft Degrees” o grados fundamentales

Los grados masónicos fundamentales tal como los conocemos actualmente son el resultado de un proceso largo y progresivo. Tenemos poca información sobre la evolución de los rituales operativos de admisión y sobre su transformación en rituales de iniciación en la masonería especulativa, pero el poco que sabemos muestra claramente que los rituales especulativos deben en gran parte su forma y su contenido a los rituales operativos que les precedieron. Como hemos dicho se trata de un proceso gradual, un proceso en el que el período más productivo se sitúa probablemente en el siglo XVII y en las tres primeras décadas del XVIII. Antes de 1730, los rituales fundamentales consistían únicamente en dos grados, “Aprendiz” y “Compañero o Maestro Masón”. Luego, en 1730, el grado de Aprendiz se dividió en dos, “Aprendiz” y “Compañero”, insertando un nuevo grado entre los otros dos. El segundo grado se convirtió en el tercero con el nombre de “Maestro masón” (1). Lo que completó la elaboración de los grados fundamentales es la publicación en 1730 de la Masonry Dissected de Samuel Prichard, que remató la elaboración de los grados fundamentales con la aparición de los tres grados tal como los conocemos actualmente: Aprendiz, Compañero y Maestro masón.

sábado, 21 de diciembre de 2013

ENTREVISTA SOBRE MEDICINA TRADICIONAL CHINA A MANUEL MORENO

DP: Profesor Moreno háblenos brevemente de su recorrido profesional… 

MJM: Me licencié y posgradué en Medicina en la R. P China, cursé estudios de literatura médica clásica, y estoy llevando a cabo unas investigaciones sobre medicina en la época Han. Soy director de la Escuela Superior de Estudios Clásicos Chinos (ESECC) de BCN donde abordamos los textos y los manuscritos de la antigüedad desde una hermenéutica simbólica que permita al alumno (iniciado) vivenciar la medicina tal y cual se cultivó en la antigüedad.

DP: ¿Cómo ha evolucionado su práctica (Acupuntura, osteopatía, famacopea, masaje Tuina) desde el final de sus estudios y qué dirección ha tomado usted en la actualidad? 

MJM: Se ha transformado a medida que he profundizado en los clásicos. Frente a la propuesta médica maoísta, el encaminarme hacia la comprensión de la literatura médica clásica, o incluso de la medicina popular, me ha abierto perspectivas en todos los sentidos, personales y terapéuticas.

DP: ¿Qué propuesta hace ud. en los cursos que imparte?

MJM: Me he puesto como objetivo general promover la enseñanza y la investigación en el campo de los Estudios Clásicos Chinos, y en lo particular redescubrir e impartir la medicina clásica. Es una iniciativa pionera en España, puesto que nos proponemos ofrecer una formación continua basándonos en los conocimientos, la operatividad y la sabiduría que nos ofrece la literatura médica. Todo ello, con la intención de subsanar las lagunas que puedan tener aquellos estudiantes y profesores que estudian y practican la MTC. 

jueves, 5 de diciembre de 2013

EL DR. ANDERSON, UN HERMANO DESCONOCIDO (y II), por Sergey Kitaev

Este es el único retrato contemporáneo de Anderson (aunque tampoco podemos estar seguros de que sea él). El grabado es de William Hogarth y se llama “Los misterios de la masonería sacados a la luz por Gormogones” (circa 1724). Anderson, supuestamente, camina con la cabeza metida entre los peldaños de la escalera, lo cual probablemente sea una alusión a las pruebas iniciáticas. Otros posibles personajes en el cuadro: la figura en la armadura probablemente sea Philip, Duque de Wharton, y la otra, la figura montada en el asno, suponemos que es Desaguiliers.


Tras finalizar el breve repaso de los datos biográficos de Anderson, ahora intentaremos aclarar algunos puntos de su biografía masónica que, por ser poco claros, generan rumores de todo tipo, muchos de los cuales carecen de fundamento alguno. Debido a la gran falta de datos históricos, la fecha exacta de iniciación de Anderson y por tanto, su legitimidad como masón y como autor de las Constituciones masónicas, es un punto que suscita muchas dudas. Existen varias opiniones sobre el año de adhesión de Anderson a la Gran Logia de Londres, aunque, en todo caso, el margen del error es de dos o tres años. 
Gracias a fuentes externas sabemos que en uno de los panfletos que denunciaban el sermón sobre Carlos I de Anderson, éste fue calificado como “un Hermano fraudulento”, “maestro del fraude” o “Maestro de Oficio” (Craft Master, aquí Craft también significa “tramar”, “engañar”, “confabular”). Esta prueba de que Anderson podría haber sido masón antes de pertenecer a la Gran Logia aparece en 1715, aunque en cierta manera no es más que una prueba circunstancial.
Según A. E. Waite, “algo después de 1717” (otras fuentes hablan de 1721) Anderson se afilió a la logia Old Horn num. 4 (9). Sin embargo, en los registros de las Constituciones de 1723 Anderson figura como Maestro de la Logia núm. 17. Dos años más tarde aparece “Jaques Anderson Maître [de] Arts” como miembro de la French Lodge (Solomon’s Head, Hemmings Road), el Venerable Maestro de la cual era el mismo Desaguiliers. En los años 1730, ya reconocido como Gran Vigilante de la nueva institución, Anderson asistió a las reuniones de la Gran Logia. Con todo esto, no sabemos la fecha de la iniciación de Anderson, ni tampoco nos ha sido posible averiguar si ésta ocurrió en Escocia o Inglaterra.

jueves, 7 de noviembre de 2013

ARTE, ESPIRITUALIDAD Y VANGUARDIAS MODERNAS. Crítica a ciertos postulados del arte moderno (y II), por Manuel Plana

VIII. “Trascendencia” de la materia

Otro aspecto que toma la abstracción cuando se combina con el expresionismo es el Informalismo, cuyo criterio preferente es la trascendencia de la materia o lo matérico. “El arte, dice Jean Dubuffet (líder del movimiento “Art Brut”), ha de nacer del material. La espiritualidad debe cobrar el lenguaje del material. Cada material tiene su lenguaje, es un lenguaje. No se trata de adjuntarle un lenguaje (diferente) o de que sirva a un lenguaje” (Escritos sobre arte. Ed. Barral 1975. BCN)

Aquí, la idea, el concepto, no quedan excluidos pero sí sometidos al imperativo matérico de la obra, a sus texturas y accidentes epidérmicos, que hablan tanto o más elocuentemente que las formas ilusorias de la pintura realista. La provocación y el absurdo juegan un gran papel. Se trata también de romper los hábitos mentales ordinarios y los presupuestos estéticos convencionales del espectador, provocar una catarsis y después una especie de “metanoia”, en la misma línea de pretensiones místicas, capaces, dice A. Tápies, “de provocar una transformación en la consciencia del espectador”. 

Sin embargo, este criterio sobre la trascendencia de la materia merece una atención especial por lo que tiene de absurdo lógico y filosófico. Además, el Zen, de donde provienen aquí en préstamo casi todas las ideas aunque no sin retocar, nunca se ha interesado por este presupuesto matérico.  El mundo, para el Zen, es una nube inconsistente, un espejismo de la consciencia, como la materia. Es cierto que algunos artistas europeos se interesan por las filosofías orientales más que por su estética misma, cosa que en cambio no habían hecho los Impresionistas. Pero la comprensión cabal de sus doctrinas metafísicas está muy lejos de ser clara y diáfana.
En efecto, “La mirada occidental al arte primitivo, dice Valeriano Bozal, al concederle jerarquía de (simple) objeto estético, lo despoja de su valor totémico y ritual”, es decir, de su función original y de su verdadero sentido sagrado (Orígenes del arte contemporáneo). Pero el Informalismo acepta esa función sagrada, y a Antoni Tápies se le encarga diseñar un espacio de meditación en la Universidad de Barcelona, y también un enorme calcetín agujereado para el gran Salón Oval del M.N.A.C, también como objeto de meditación.

domingo, 20 de octubre de 2013

EL DR. ANDERSON, UN HERMANO DESCONOCIDO (I), por Sergey Kitaev


Frontispicio de la primera edición de las Constituciones (grabado por John Pine, 1723). Posiblemente, es la primera imagen que pertenece a la masonería “andersoniana”. En el cuadro: John de Montagu, 2º Duque de Montagu, entrega el rollo de las Constituciones y compases a Philip, Duque de Wharton. El Dr. John Desaguiliers es el último a la derecha.

Todos hemos oído hablar del
Dr. Anderson, autor de las dos primeras redacciones de las Constituciones de la Gran Logia de Inglaterra (1723 y 1738). Estos dos documentos marcaron un hito en la historia de las escuelas iniciáticas de Occidente, ya que formalizan y establecen por primera vez el marco regulador de lo que hoy día entendemos como la Masonería “moderna” o “especulativa” (1). 

Sin embargo, sospechamos que aunque muchos hermanos conocen a este hombre por los frutos de su trabajo como autor de las Constituciones, es posible que ignoren su trayectoria y su implicación personal en la creación de la Masonería a la que todos pertenecemos. Habrá otros que, a falta de datos, tienen una perspectiva un tanto distorsionada de su aportación masónica. Es más, muchos de los hermanos de corte “tradicionalista” tienden a “diabolizar” en extremo la figura de Anderson, achacándole todo tipo de posibles manipulaciones y profanaciones de la supuesta “masonería pura”, anterior al periodo que solemos denominar “especulativo”. Y si algunos masones hasta trabajan con la obra del H. Anderson en sus aras, otros lamentan la intervención epistolar y creativa de este hermano, calificándolo de historiador pésimo y bárbaro innovador, sobre todo por sus reformas de la Orden, reformas con tintes modernistas entre otras cosas. 

En el presente trabajo pretendemos repasar los datos biográficos de este hermano que nos son conocidos, una tarea bastante humilde a primera vista. Pero esperamos que esta incursión casi únicamente histórica no sólo nos permita ver de manera más clara al propio personaje, sino que también nos brinde la posibilidad de reevaluar su aportación a la Masonería Universal. A lo largo de este artículo también intentaremos aclarar algunos de los puntos más controvertidos acerca de los clichés que circulan de boca en boca por el mundo masónico.

sábado, 14 de septiembre de 2013

ARTE, ESPIRITUALIDAD Y VANGUARDIAS MODERNAS. Crítica a ciertos postulados del arte moderno (I), por Manuel Plana

I. Inicio

El escenario histórico en el que surgen las primeras vanguardias artísticas en Europa es bastante complejo. Acoge todo un amplio cuadro de acontecimientos: el cambio de siglo (XIX al XX), las dos grandes guerras, la industrialización, la lucha de clases, la revolución rusa, la energía atómica, la fotografía, el cine, el existencialismo, el auge de nuevos espiritualismos, etc… son el caldo de cultivo donde se gestan las vanguardias. En medio de un contexto de convulsiones sociales y de valores en quiebra se busca una reforma del pensamiento, nuevos paradigmas, fórmulas y lenguajes. Se aplica un criterio experimentalista del arte y rupturista con el pasado, con la perspectiva de cambiar la mentalidad al cambiar algunos criterios. La ciencia, aplicada a un incipiente desarrollo industrial, no persigue otra cosa, y no es casualidad que en las grandes “Exposiciones Universales” de la época vayan a la par los últimos adelantos de la ciencia con las corrientes artísticas más novedosas exhibidas en los grandes Salones de Otoño y Primavera. A todo eso deberíamos sumarle el interés que despierta por Oriente y por las culturas exóticas el colonialismo europeo, a la vez que inaugura las nuevas ciencias de Antropología y Etnografía modernas. La influencia de la estampa japonesa en los impresionistas y los expresionistas, la estética oriental en el Modernismo y el Art Nouveau, o el arte africano en algunas obras de Picasso, por ejemplo, es tal que bien podrían llamarse plagios algunas, lo que no les priva de pasar como grandes obras maestras del arte moderno europeo.

Con el tiempo ese primer criterio ha evolucionado bastante, prácticamente en “el criterio del no criterio”. Y lo que ahora pasa por vanguardia es un espeso magma de nociones individualizadas bastante confusas en su mayoría. Si las primeras tenían buenos argumentos para romper con lo establecido y diseñar una “nueva era”, las últimas tendencias no hacen sino sumarse a una complicidad hasta obscena con el show-business. 

La intención aquí no es estudiar todas las vanguardias ni todos los ismos, sino aquellas corrientes que inspirarían los que han defendido criterios especialmente espiritualistas o livianamente metafísicos. Y como el lenguaje de la incoherencia y del absurdo es, al parecer, el lenguaje del mundo del arte cuando se refiere a lo espiritual o cuando va de metafísico, es esa supuesta “espiritualidad” lo que interesa analizar aquí.