“Mundo Tradicional” es una publicación dedicada a la revisión y estudio de los principales aspectos de las diferentes tradiciones espirituales, que también prestará atención a temas de actualidad relacionados directa o indirectamente con ellas, como el arte, la ciencia y las corrientes de pensamiento que, a favor o en contra, ejemplifican el estado general de las cosas dentro de una sociedad llamada “moderna” cuya orientación más clara parece ser una deriva progresiva hacia un estado de confusión lamentablemente más y más generalizado.

viernes, 15 de mayo de 2015

SOBRE ALGUNOS RITOS MASÓNICOS SUPLEMENTARIOS, por H:. Graal

Dentro de la regularidad masónica existen algunas prácticas iniciáticas compatibles con su ritual que algunas logias incluyen en sus trabajos. La ausencia de actividad ritual regulada entre la apertura y la clausura de los trabajos ha dado pie a ello si lo que se pretende es salir del protocolo normal de tipo administrativo más que iniciático. Las prácticas pueden ser variadas siempre que se atengan al grado y a las características de la Orden; los sincretismos, aquí como en cualquier otro contexto iniciático, son funestos para la coherencia y unidad de la vía tradicional en juego y, desde luego, para la salud espiritual del iniciado. La invocación de ciertos nombres sagrados, por ejemplo, siempre ha revestido polémica al tener que elegir. Se sabe que El-Shadai (el Omnipotente) era una fórmula de invocación y evocación ritual entre los antiguos operativos, lo cual ha quedado fijado en algunos grados del R.E.A.A. No obstante, su invocación ritual en las logias actuales presenta algunas dudas a parte de ser muy incierta.
De hecho, si tuviéramos que atenernos a los libros sagrados, es decir, a las tradiciones que la Masonería acepta como compatibles (los que figuran y pueden figurar encima del Altar de los Juramentos), algunos de los nombres sagrados que aparecen en ellos podrían invocarse ritualmente en logia y como parte de la labor iniciática, sólo que cabría afinar muy bien las características simbólicas de cada uno con respecto al grado y a la función, cosa que exigiría una sólida formación simbólica de ambas tradiciones por parte del cuadro de oficiales. Pero aunque así fuera, al tratarse de ámbitos iniciáticos, para invocar un nombre sagrado hebreo, islámico o hindú, por ejemplo, no lo podría decidir el sólo criterio del taller sino el permiso y la transmisión de un representante autorizado de la tradición concertada. 

miércoles, 29 de abril de 2015

SOBRE ALGUNOS SÍMBOLOS Y OPERACIONES DE LA ALQUIMIA HERMÉTICA, por Manuel Plana

Algunas puntualizaciones a modo de introducción

Como se sabe, las etapas de la realización espiritual varían según cada vía y forma tradicional; la propia variedad de estados en que se manifiesta el Sí mismo, meta y objeto de toda realización, es en número indefinido. Sin embargo, ningún esquema iniciático tradicional sigue pautas arbitrarias, sino que responde a su propio punto de vista metafísico o al Plan creacional mismo contemplado desde alguno de sus principales aspectos, siendo la iniciación su mimesis ritual y consciente. Este Plan, aunque comporte indefinidos estados, ellos mismos se agrupan por categorías universales, del mismo modo que en el cuerpo las células, los órganos, los miembros, etc... dándose por entendido que no se trata de recorrerlos todos sino que, en tanto modalidades de una misma cosa, alcanzando el centro de cada una de estas categorías, quedan todos realizados por añadidura. Así, en cuanto tales, son distintos o diferenciados hasta cierto punto, a partir del cual ya no puede hablarse de diferencias ni tampoco darles el sentido cuantitativo ordinario. 

Todas las tradiciones completas hablan de dos grandes fases en la vía, en relación directa con los principales aspectos de la deidad o del Sí mismo, el inmanifestado y el manifestado, el Impersonal y el Personal, Grandes y Pequeños Misterios en la antiguedad occidental; Bauddha-Ajñâna y Paurusha-Âjñâna del shivaismo advaita cachemir; el-Fana y el Fana al-Fanai (extinción y la extinción de la extinción) en el sufismo; grados azules y altos grados en la Francmasonería, etc... los cuales se corresponden igualmente con la propia división general de la cosmogonía en Cielo y Tierra o Aguas Superiores e Inferiores, es decir, en dos grandes órdenes de posibilidades distintas de ser y de realidad, una informal y supraindividual y otra individual y formal que el hombre incluye en sí mismo.

Los Pequeños Misterios lo son de la Tierra en el sentido más ámplio del término, es decir, de lo que suponen todas las posibilidades del plano de existencia que corresponde al humano de este ciclo o Manvántara. Por ello su culminación incluye la restauración de su perfección primordial  (paradisíaca), la redención cristiana de la "caída", con la consiguiente regeneración psíquica del misto, que para ello ha tenido que pasar por una serie de transmutaciones internas y desandar todo el trecho laberíntico que lo separa del Origen. En el caso de los Grandes Misterios, del Cielo, ya no se trata de ninguna transmutación o pasaje por estados individualmente (o formalmente) diferenciados, sino al contrario de una transformación o paso más allá de las formas y las diferencias, y por tanto de la propia noción de separatividad, dualidad y cantidad. Existe entre ambas posibilidades una jerarquía ontológica que hace de los primeras un reflejo sucesivo y condicionado de las segundas, la corriente psico-somática de las formas y el mundo espiritual de los principios inmutables en términos platónicos. Unos se recorren horizontalmente, en modo sucesivo y distinto, como una metamórfosis hacia la forma verdadera, y otros verticalmente y fuera de toda idea de sucesión, de cambio  y de forma. A este respecto puede hablarse, como hace el sufismo, de estados (Ahwal) y estaciones (Maqam); los primeros van y vienen, los segundos suponen algo estable y adquirido de una vez por todas. Y es patente que el paso  de una a otra de estas categorías o estados, supone siempre una muerte y un nacimiento simultáneo, precisamente porque no existe otro modo de pasaje; se impone un paso al límite, una ruptura de nivel, que no puede provocar ningún recorrido sucesivo y cuantitativo de estados.


martes, 7 de abril de 2015

“VIA SECA” Y “VIA HÚMEDA”, por Manuel Plana

En la tradición Hermética se habla de dos vías diferentes que conducen a la realización de la Gran Obra, equivalente a los Pequeños Misterios de las antiguas iniciaciones grecolatinas, es decir, los misterios cosmogónicos y la restauración del estado primordial humano, siendo una preparación a los Grandes Misterios que, como veremos, también están prefigurados en el hermetismo. Estas dos vías son llamadas "vía seca" y "vía húmeda", equiparadas respectivamente a la "vía solar" y a la "vía lunar", siendo obvia la relación entre las aguas, lo húmedo y la Luna, así como entre el Sol, el fuego y lo seco.
Según Guénon: "las diferencias esenciales que existen entre la vía de los iniciados y la de los místicos,  digámoslo de paso, corresponden respectivamente a la "vía seca" y la "vía húmeda de los alquimistas" (1). Parece extraño a primera vista que una forma iniciática y no religiosa como es la Hermética, incluya en sus propios métodos unos que no lo son, puesto que ambas vías difieren en muchos aspectos.  ¿Cómo puede acomodarse una forma místico-religiosa en la tradición Hermética? ¿Conducen las dos vías a metas distintas, o son quizá etapas diferentes de un mismo camino? A grandes rasgos, según Guénon lo que caracteriza a una y otra vía, según el contexto iniciático de la "seca" y el místico-religioso de la "húmeda", es que mientras la primera es una ascesis espiritual por el conocimiento, activa y ordenada según etapas precisas que conducen a la superación de los límites individuales, la segunda es una ascesis pasiva donde prima el elemento sentimental y no el intelectual de la Gnosis, por lo que los estados místicos tienden a quedar encerrados en los límites formales de la individualidad, solo superados esporádicamente en momentos de rapto, visiones u otro tipo de estados, mayormente de orden psíquico más que espiritual.  Así, mientras la primera supone la perfección y superación del estado humano, la segunda tan solo el acceso a determinados estados parciales de aquel.     

lunes, 16 de marzo de 2015

INTRODUCCIÓN AL SHIVAISMO ADVAITA CACHEMIR. La doctrina del Reconocimiento

La Consciencia es el Señor

Meditaciones sobre el texto Pratyabhijñahrdayam de Utpaladeva

El divino juego (kridhâ, lilâ) de ocultarse y revelarse del Sí-Mismo. El reconocimiento de nuestra verdadera naturaleza.

Charla y coloquio a cargo de Manuel Plana, Sergio Trallero y Artur Sala (sádhakas del linaje Parama Maeshwara Acharya Abhinavaguptapada, y de su guruji Kamlesh Dutta Tripaty de Varanasi, India)


LIBRERÍA SANTO DOMINGO

C/Santo Domingo del Call nº 4. 08002 Barcelona
Barri Gòtic. P. San Jaime. 933173222
Sábado 28 de Marzo 2015. 19 h. - 21’30 h. 


La verdadera naturaleza del ser humano no es su corporalidad ni su ego ni su universo mental. El envoltorio que le sirve de instrumento para percibir su entorno no es sino eso, una herramienta que, como todo lo material y compuesto, nace, crece y muere cuando ya no sirve. El Ser verdadero es otra cosa muy distinta. Es simple, autónomo y no sujeto al cambio, al tiempo ni al espacio, pero tan próximo a uno mismo que no lo advierte. De ahí que los Vedas digan de Él que: “es más tú mismo que tu mismo”, y el Sufismo: que su propia evidencia (unicidad) es su velo.  Conocerlo es el fin de la existencia y la meta de todos los deseos, pues sólo en Él se encuentra el centro del verdadero reposo y el cese de todos los afanes. 
La programación mental es lo único que se interpone entre el individuo y el Ser verdadero, que las tradiciones llaman Dios, Absoluto, Gran Espíritu o Consciencia Suprema, aunque ningún nombre le hace justicia pues es la fuente desconocida de todo lo conocido, la única Realidad y el único Sujeto verdadero. Todas las tradiciones proponen un camino para llegar a Él. Pero las no-duales aportan una luz diferente al tema. Lo que no tiene principio ni fin no puede realizarse porque ya está desde siempre realizado y en presencia. Nadie nunca ha podido separarse de su Sí Mismo, y dado que no existen dos Sí Mismos, he aquí la cuestión. Es la programación mental-egótica con todo su universo de falsas concepciones contrarias las que, fuertemente arraigadas en los hábitos y el comportamiento, se alzan como verdaderos obstáculos a la realización, promoviendo una confusión continua entre el verdadero Sí Mismo y el falso sí mismo o estado psicosomático.
El Shivaismo advaita Cachemir, rama de la tradición espiritual más antigua de la humanidad, propone un método preciso para eliminar esos obstáculos, resumidos todos en dos tipos principales de ignorancia igualmente decisivos: la ignorancia intelectual (Bauddha-ajñana) y la ignorancia experiencial (Paurusha-ajñana). La primera nos hace conscientes de nuestros falsos conceptos de la realidad y de nosotros mismos. La segunda nos permite vivenciar, aquí y ahora, la experiencia no-dual, es decir, de plenitud, del verdadero Sí Mismo.
El método es el “reconocimiento” (Pratyabhijña) inmediato de la ilusión como ilusión y lo verdadero como la Realidad, eliminando la confusión que hacemos siempre entre nuestros procesos mentales (vikalpas) y la Consciencia (samvit, cid, etc…),  que es siempre pura, eterna e inmaculada como el propio acto de Ser.

lunes, 2 de marzo de 2015

HITLER VS EVOLA, por Karl Santhrese

A propósito de las diferentes acusaciones que se ven circular contra Julius Evola por su supuesto compromiso con el nacionalsocialismo y el fascismo, por su supuesta militancia en esas ideologías políticas u otras de igual radicalismo obtuso, tenemos de primera mano el testimonio de lo que opinan de él los propios nazis contemporáneos para hacernos una idea clara de la insensatez de esas acusaciones. 
Evola siempre declaró ser de la derecha “tradicionalista”, incluso gibelino “imperialista”, pero nazi y “facha” no precisamente. En sus escritos y su correspondencia privada, no se cansa de decir que jamás militó en esas facciones y que por eso mismo estuvo siempre mal visto por ellas, por su falta de completo compromiso que le reclamaron sin éxito. Y mal visto también por las izquierdas democráticas, ateas y progresistas,  por su supuesto interés por aquellas.  En fin, fue siempre un personaje “incómodo” para ambas partes, como Guénon que, ya en vida y también muerto, le hacían centro de las ideas más reaccionarias a pesar de desmentirlo insistentemente. 
La Redacción

El siguiente artículo que elaboré esta destinado a prevenir a los camaradas sobre la influencia nefasta de un escritor italiano llamado Julius Evola. 
El desconocimiento de muchos camaradas que se están formando doctrinalmente, muchas veces les juega en contra. Actualmente observamos que prácticamente la mayoría de los camaradas NS son autodidactas, pero esta formación puede muchas veces “descarrilarse” de la esencia del NS, cuando no se le advierte a los nuevos camaradas, sobre algunos peligros ideológicos. Mucho más peligrosos para un nacionalsocialista, que el marxismo (ya que el marxismo es directamente combatido), son las ideas disolventes de Evola. Este escritor (que no fue nazi, ni fascista) es peligroso porque abarca la problemática de los males modernos, lográndose mimetizar con términos utilizados por nosotros, pero al efectuar la crítica bajo un punto de vista radicalmente diferente al nuestro, el efecto final es la confusión y el desastre. Algunos evolianos han intentado infiltrar sus ideas a las nuestras, intentando cambiar su esencia. Ante todo debemos tener en cuenta que el NS no se puede perfeccionar, es perfecto, el 99% de las ideas de Hitler vertidas en “Mi Lucha” son inmortales. Lo que si puede ser sano, es brindar ideas que amolden el NS a las distintas realidades en los distintos países de raza blanca, pero jamás cambiar su esencia y su norte. Evola no solo combate el nazismo de una manera muy pero muy fina, sino que justamente destruye la esencia de la concepción racista hitleriana, brindando una “nueva visión del racismo” pero desde la “derecha tradicional”, los efectos del influjo de estas ideas en muchos camaradas son espantosos (mostraré más adelante algunas ideas y frases de los evolianos). Nosotros debemos saber que no se puede mejorar lo perfecto. El NS fue una obra perfecta en todos los sentidos. 

viernes, 13 de febrero de 2015

NOTA SOBRE LA DUALIDAD Y NO-DUALIDAD EN LAS TRADICIONES ESPIRITUALES, por Manuel Plana

A propósito del pensamiento dualista religioso, un autor cristiano (1) comentaba: “El dualismo es un problema que nos ha molestado durante muchos años, aproximadamente 1900, aunque suene simpático este problema ha significado un inconveniente mayúsculo en las áreas filosófica y teológica de nuestro pensar, por casi toda nuestra existencia como iglesia cristiana” (…) “Nuestro origen argumental es la palabra de Dios antes y después de la venida de Cristo, pensaba, es un hecho comprobado que la forma de ser de los judíos vetero-testamentarios y neo-testamentarios (en los que están todos los apóstoles) el que todo su ser fuera una sola realidad, ellos no observaban divisiones como las observamos nosotros, (2) esto principalmente porque su forma de desarrollar el pensamiento no estaba dividida como en el caso de los griegos helenistas. Gordon J. Spykman define uno de sus puntos iniciales en su prolegómena como el rechazo a ver filosofías helenistas en el trasfondo del nuevo testamento y por ende observar su trasfondo hebreo como punto de interpretación.” (3) (…)  “Pensar en dos reinos ha significado el más grande obstáculo que nuestra filosofía y teología ha tenido hasta el día de hoy, incluso podríamos definir que todos nuestros problemas básicos son originados en esta forma de pensar dual que hasta el día de hoy nos alcanza.” (…) “Desde el comienzo de la ética cristiana, después de los términos del nuevo testamento, el principal concepto subyacente al pensamiento ético, y el que consciente o inconscientemente ha determinado la totalidad del curso, ha sido el concepto de la yuxtaposición y el conflicto de dos esferas, una divina, santa, sobrenatural y cristiana, y la otra, mundana, profana, natural y no cristiana.” (4)

Este fenómeno no solo afecta al cristianismo sino a las religiones en general e incluso, como demuestra el autor, a todo el modo de pensar especialmente occidental (5). El enfoque dual de las religiones también es propio de la perspectiva cosmológica tradicional, sino el punto de vista cosmológico mismo. Esencia y substancia, cosmos y microcosmos, Cielo y Tierra, Espíritu y Materia, Solve et Coágula, son los pilares de toda la dialéctica cósmica y sirven, efectivamente, para explicar las causas del devenir y la estructura del mundo, del ciclo y del hombre, pero siempre como un proceso orgánico, unitario y orientado a la unidad o no-dualidad, pues es de ahí de donde surgen y en ella en quien se resuelven perpetuamente todas las tensiones que esa dualidad genera o parece generar en su mutua interacción. Si no es así, las cosmogonías pronto degeneran en animismos dualistas, politeístas o formas de magia y pequeños poderes. Siendo originalmente reveladas junto a todas las ciencias sagradas, inseparables del carácter unitario de la totalidad manifiesta, sirven provisionalmente de modelo para la realización espiritual del ser humano, pues explican su constitución interna y externa. Y en su aplicación social, para el ordenamiento espacio-temporal de lo  humano, que así queda “sacralizado” a imagen del orden cósmico. No obstante y mientras el enfoque queda circunscrito al ámbito de la cosmogonía, la dualidad permanece.

miércoles, 28 de enero de 2015

DIVERSIDAD Y CONFLUENCIAS DEL PENSAMIENTO ISLÁMICO, por Sergio Trallero Moreno

En el vasto y complejo mundo llamado Islam, tanto la filosofía, como el sufismo, como la jurisprudencia, como el chiísmo, comparten la búsqueda y acceso hacia la Verdad, en este caso simbolizada por la Revelación de Muhammad. Otra cosa será las vías, métodos, doctrinas y exclusivismos propios, que crearán tanto paralelismos reconciliables como divergencias imposibles de integrar. Partiendo de la base de la elaboración de un “corpus” y entramado genuinos que se forjaron durante los primeros siglos después de la hégira, y que dio lugar al desarrollo de una “cultura clásica” propia del Islam, no fueron ni mucho menos homogéneas las interpretaciones posteriores que se dieron, sobre todo con respecto al estatus, lugar o preservación de la Revelación. 
Debido a la creciente asimilación de saberes extranjeros procedentes de la antigua Grecia, apareció la corriente de los falasifa. El Islam de los filósofos planteó serios problemas a la ortodoxia interpretativa que se derivaba de la ciencias tradicionales islámicas, aunque no por eso dejó de tener su culmen con figuras como Avicena o Averroes, que importaron conceptos platónicos y aristotélicos en sus hermenéuticas filosóficas y religiosas. Otra corriente es la que desarrolló una espiritualidad islámica muy elaborada, identificada con el sufismo (tasawwuf) pero que no por eso ha dejado de incorporar elementos filosóficos o gnósticos de otras tradiciones. Entrelazada con filosofías que desarrollaron metafísicas de la luz o del ser altamente simbólicas como las de Avicena o Suhrawardi, tuvo su máxima expresión en el andalusí Ibn Arabi. Pero hubo toda una línea que se opuso a las dos anteriores, además de distanciarse de la teología, y es la que Ibn Taimiyya restauró y que toma su origen en la jurisprudencia (fiqh) estricta que formuló Ibn Hanbal, más centradas en la literalidad e integridad del mensaje revelado, frente a otras supuestas desviaciones, y que en los tiempos modernos ha nutrido concepciones deformadas de la sharia. Tampoco se puede olvidar el chiísmo, que reivindicó la legitimidad propia de la transmisión espiritual y temporal de Muhammad a través de su yerno Alí y continuada por sus descendientes, los Imames. Pero la historia nos dice que en los primeros tiempos se daba una cierta confluencia entre el sufismo primitivo y los elementos chiís. 
 A continuación se van a analizar brevemente las relaciones entre estas cuatro formas paradigmáticas de pensamiento islámico, no tanto en sus evidentes divergencias sino en los posibles puntos de unión entre ellas.

sábado, 20 de diciembre de 2014

UNA APROXIMACIÓN A LAS SABIDURÍAS ORIENTALES NO DUALES, por Mª Teresa Román

El tema de la espiritualidad y el pensamiento oriental no-dual ha sido estudiado desde ámbitos académicos con desigual fortuna, sobretodo desde la publicación de la enseñanza directa de maestros espirituales como Ramkrishna, Ramana Maharshi o Nisargadatta Maharaj. Pero al menos gracias a ellos ha podido ser reconocido y respetado por el oficialismo “filosófico”, es decir, se ha podido comprobar que existe y que, además, va mucho más lejos que el pensamiento dual ordinario. En nuestro país podemos felicitarnos de haber exponentes académicos de este pensamiento cuya competencia, sin pretensiones extra-filosóficas, es bien loable, dándose el caso de ser mujeres las pioneras en estos estudios, como son, por ejemplo, Consuelo Martín, Mónica Cavallé o María Teresa Román.  
A pesar de estudiarse siguiendo inevitablemente categorías en el fondo duales comunes y de dar autoridad en la materia a científicos y filósofos modernos muy poco no-duales en el fondo (Jung, Einstein, Schrödinger, etc…) es de agradecer el esfuerzo por penetrar en este tema tan poco conocido en Occidente aunque, a nuestro juicio, crucial para entender las más elevadas directrices de la espiritualidad tradicional. 
Publicamos aquí un texto de la profesora Mª Teresa Román que muy amablemente nos ha cedido permiso para hacerlo.

La Redacción


Enlace al artículo en pdf:


miércoles, 26 de noviembre de 2014

SOBRE LA METAFÍSICA DE LOS “CUERPOS” O ENVOLTURAS DEL SER SEGÚN EL HINDUISMO, por Manuel Plana

Tanto el Shivaísmo advaita Cachemir, como el Vedanta advaita o el Budismo Vajrayana no hablan del ser manifestado, del individuo, sino como Consciencia envuelta o “cosificada” en cinco diferentes condiciones (Koshas: envolturas), que se agrupan por órdenes resumiéndose también a veces en tres o cuatro. (1) Es por ellas que el Ser se manifiesta, es decir, se hace objeto de sí mismo, aunque sin perder nunca su carácter de único Sujeto, Identidad o Conciencia de Yo. 
En el primero, la contracción o auto-limitación (Akhyati) de Paramashiva (o Purnahamta, Yo Supremo) a fin de hacerse limitado y conocerse en modo condicionado, (es decir, diverso y diferenciado como sujeto y objeto de Sí Mismo), produce la primera y más importante limitación o “impureza” (Mala), precisamente la sensación o convicción de estar limitado (Ânavamala), es decir, de no estar pleno (Purna), de estar “encapsulado” en una forma o dimensión de la realidad, que ya no es uno o una, sino múltiple. Y es la primera impureza porque está afectada directamente por la ignorancia dual, por Mâyâ, causa del sentido de separación y multiplicidad, es decir, de dualidad en la Unidad misma, lo cual se llama ignorancia o ilusión. Pero el Sí Mismo o Conciencia suprema, a pesar de aparecer también como “encarnado” o envuelto por las distintas condiciones de manifestación, no está nunca afectado por ellas, “como el cielo no está nunca afectado por las nubes” o el espacio por los astros que alberga. La realidad no-dual o de perfecta unicidad sin segundo del Sí Mismo le permite “ser” y “no-ser” a la vez sin dejar de ser nunca lo que Es, infinito y eterno. Es la ilusión de no ser ilimitada lo que limita obstinada e ilusoriamente a la Conciencia (Infinita), a través de la mente y sus pensamientos a la deriva engañados por la corporalidad de las apariencias y los límites del espacio y del tiempo. 

sábado, 8 de noviembre de 2014

APROXIMACIONES A LA TRADICION PRECOLOMBINA Y A SU SIMBOLISMO (y III), por Armando Montoya

ARTES, RITOS Y SIMBOLOS

LA SERPIENTE EMPLUMADA Y LA TRANSMUTACION COSMICA

Otro rasgo específico común a todas las culturas precolombinas es su concepción de lo sagrado. Dicha concepción concibe lo absoluto a partir de un acento en lo cosmológico, sin que esto quiera decir que no haya un aspecto cosmogónico, es decir de creación del origen. La concepción cosmológica de lo sagrado se caracteriza por ser absolutamente dinámica, pues se centra en los fenómenos cíclicos que hacen posible la vida como la manifestación de un poder divino.


De ahí que la creación del universo sea vista como una manifestación dual del cosmos que se despliega en fuerzas polarizadas pero a su vez complementarias, y que se entraman en una integración final hacia la consecución de lo absoluto, fuerza y manifestación del espíritu único. Esta noción es de importancia capital para desmentir cualquier tipo de panteísmo religioso achacado sin cesar a las culturas arcaicas por los supuestos especialistas, en un afán por validar una visión de lo sagrado de tipo naturalista –herencia de la antropología decimonónica- visión ajena a toda cosmovisión sagrada pues en los mundos antiguos la naturaleza si bien era vista como manifestación de un orden sagrado, no obstante no dejaba de ser un orden inferior. En ese sentido, esta era considerada como un reflejo en lo manifiesto de un principio supremo del que emanaba la vida, y por ende, un orden que necesariamente debía ser trascendido.

No existe mejor símbolo que exprese la síntesis de estas dos potencias que se manifiestan en el cosmos, a saber lo etéreo y lo denso, como la Serpiente Emplumada, divinidad por excelencia del bestiario de las culturas mesoamericanas. Esta deidad representa la tensión del cosmos en su expansión hacia la multiplicidad, dominada por dos fuerzas contrarias, ascendentes y descendentes. En esta confrontación cosmológica entre lo terrenal y lo celestial se vislumbra ya la realización suprema de la vida, es decir la superación de las dos fuerzas contrarias que hacen posible el universo y el pléroma de la creación. El cosmos aspira pues hacia la integración final de lo múltiple que se oculta en el origen supremo. Dicha superación encierra el misterio que desde lo mítico nos remite al fin de los ciclos, es decir al aspecto escatológico del mito. Esto explica el simbolismo que representa la Serpiente Emplumada pues se trata de un poder terrible para los hombres, una divinidad que los engulle en sacrificios sangrientos y de este modo haciendo posible la continuidad de los ciclos de la vida. A través de la acción aterradora de esta divinidad los seres humanos retornan al ciclo eterno de lo manifiesto hasta la integración final del todo en un principo anterior al tiempo, más allá de los ciclos.

miércoles, 15 de octubre de 2014

JÚPITER Y LAS CLAVES DE SENTIDO METAFÍSICO DEL HECHO ASTROLÓGICO, por Sergio Trallero

Foto del creciente lunar sobre el horizonte y símbolo de Júpiter: medialuna creciente del alma sobre la cruz de la materia.
El Estaño nos habla de la fase de la Obra en la que el blanqueo está operando con mayor intensidad, hasta que el Alma, purificada, emerja preparada para ser fecundada por la tintura del Azufre y se adentre así en la fase de enrojecimiento áureo.

Se toma aquí a Júpiter como hilo introductorio del discurso por ser el significador arquetípico de la visión panorámica y omniabarcante, de la búsqueda de sentido espiritual y del conocimiento superior de los principios universales que rigen los distintos grados de la existencia. 

Todo ello puede expresarse a través de códigos simbólicos varios, culturales, filosóficos, religiosos (regencia de SAGITARIO), o a través de diversas sutilezas evocadoras de lo trascendente como en las formas espirituales (regencia de PISCIS).

Por ello lo que pretendo es mostrar ciertas claves comúnmente ignoradas que abran los planteamientos astrológicos hacia un sentido metafísico revelador, hacia la Fuente original fundamento de este Cosmos y Manifestación cuyas leyes cíclicas describe la astrología, en pro de lo que podría llamarse una Onto-Cosmología (“ciencia del Ser cósmico”).

A su vez, se habla de “hecho astrológico” no únicamente en sentido empírico sino en tanto constatación netamente intuitiva y por tanto supra-racional que une:

- el polo objetivo (posiciones planetarias incuestionables y relaciones geométricas varias) y

- el polo subjetivo (vivencia psíquica, reconocimiento interno de la correlación) de una misma Realidad. 


lunes, 15 de septiembre de 2014

PERSPECTIVA GEOMÉTRICA Y COSMOVISIÓN DEL RENACIMIENTO, por Manuel Plana

Resulta cuanto menos curioso, dado el relieve cultural que la pintura siempre ha tenido (hasta la aparición de la fotografía), que hasta el llamado Renacimiento europeo no haya interesado aplicar la perspectiva para sus obras, siendo que ya conocían esta ciencia geométrica (subsidiaria de la óptica) los antiguos grecorromanos (ver de Euclides: Elementos y perspectiva. Vitruvio…) aunque no la utilizaran sino para corregir las aberraciones ópticas de los grandes monumentos. (1) Nunca hasta el Renacimiento se había empleado para ordenar la superficie del cuadro o el mural para dar más realismo a las escenas. En el periodo anterior, el gótico tardío, es cierto que la perspectiva, es decir, las tres dimensiones (el volumen, la profundidad y el claro oscuro) ya se insinúan bastante ostensiblemente (2), pero sin ningún interés “científico” ni un tratamiento geométrico sino más bien “naif”. Sin embargo, bastarían pocos años (3) para que la perspectiva asumiera un papel central en la pintura, tan estimada en el Renacimiento. Los tratados de Luca Paccioli, Alberti, Leonardo, Durero, sentarían las bases de una nueva visión del mundo, del hombre y del arte, una visión directamente antropocéntrica y no ya teocéntrica como en el Románico y el Gótico anteriores. Para ello era necesario “geometrizar” el espacio en relación a esa nueva visión. El universo “orgánico” anterior queda obsoleto quedando suplantado por otro geométrico y luego “mecánico”, la “Máquina del Universo”. El siglo XV inaugura un interés exhaustivo por la geometría proyectiva que aplicada a la óptica deviene “perspectiva natural”, la atención se centra en hallar las “razones geométricas de la visión”.