“Mundo Tradicional” es una publicación dedicada a la revisión y estudio de los principales aspectos de las diferentes tradiciones espirituales, que también prestará atención a temas de actualidad relacionados directa o indirectamente con ellas, como el arte, la ciencia y las corrientes de pensamiento que, a favor o en contra, ejemplifican el estado general de las cosas dentro de una sociedad llamada “moderna” cuya orientación más clara parece ser una deriva progresiva hacia un estado de confusión lamentablemente más y más generalizado.

miércoles, 22 de junio de 2016

NOTA: “SI NO HAY DIABLO NO HAY DIOS...”, por Manuel Plana

A menudo se oye decir esta frase: “Si no hay Diablo no hay Dios”... Y ésta parece ser, en efecto, la opinión de muchos, incluidos los que visten sotana, que colocan ambos al mismo nivel, sin darse cuenta de que al hacerlo relativizan lo más alto y magnifican lo más bajo dislocando los conceptos. Además, todos los contrarios han de resolverse finalmente en una unidad superior que los comprende como complementarios y no ya como contrarios. Entonces ya no hablamos de realidades absolutas y menos del Dios verdadero, sinó acaso de ángeles y demonios, de Devas y Asuras, de San Miguel y de Satanás, lo cual es otra cosa muy distinta.
La teología más elemental no ve al diablo como enemigo de Dios sinó del hombre, ya que Dios, siendo infinito, omnipotente y omnisciente no podría tener contrarios ni nada podría entrar en oposición con Él. Si tuviéramos que clasificar a todas esas entidades según su estatuto ontológico, veríamos que ángeles y demonios no pertenecen al dominio puramente espiritual sinó al anímico, al angélico, el mundo sutil del alma del que habla San Pablo: “Revestíos de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas (insidias) del Diablo. Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas (aire).” (Ef. 6:11-12). 
En efecto, el llamado “Príncipe de éste mundo” no es solo “malo”. Si aparece como tal es sobretodo porque asume el papel de demiurgo o artesano divino que dispone los límites de este mundo, las leyes materiales según un planteamiento dual hecho de contrarios aparentes, que al interactuar “recrean” el fluir psicosomático del mundo como “corriente de las formas”, dentro de un sinfín constante de “coagulaciones y disoluciones”, un mundo en verdad evanescente, el mundo “sub-lunar” de los antiguos, el de la “generación y la corrupción”.  Por eso dice el Eclesiastés (1. 1-9): “Nada nuevo hay bajo el sol… solo vanidad de vanidades”. Y decimos contrarios “aparentes” porque es ese demiurgo mismo quién crea la ilusión de dualidad en el seno de la unidad misma, pues, no existe dualidad (sino es la propia ilusión de límite) ni contrarios irreductibles. Sin embargo, cuidemos de no personificar demasiado a esa entidad ni de proyectarla hacia fuera, en el “otro” porque, precisamente, la “otredad” es el efecto de la dualidad y el dualismo. En el propio concepto de “límite”, de finitud, de caducidad, está implícita la idea del mal y lo malo, pero si no fuera por ellos la manifestación, el mundo, el universo o la existencia condicionada y formal no podrían existir.

miércoles, 8 de junio de 2016

EL PINTOR TRADICIONAL EN LA INDIA. Su papel social y su estatuto, por Renaldo Maduro


Adjuntamos enlace a un estudio muy interesante del Sr. Renaldo Maduro sobre el papel y la función tradicional de la pintura en la tradición hindú. Se observa las diferentes connotaciones que ha tenido y tiene dentro de ella, y también las diferentes castas que la han tratado, pues, lejos de ser inherente o exclusiva a la de los artesanos (vaishyas), ha estado presente en todas.





viernes, 20 de mayo de 2016

EDITORIAL PRIMAVERA 2016

En M.T. se entrecruzan diferentes líneas tradicionales bastante diferentes en muchos aspectos. Hasta ahora hemos intentado presentar un espectro amplio del panorama espiritual tradicional, aunque siempre dentro de nuestras posibilidades y de las tradiciones que conocemos directamente o conocen los colaboradores. Ese espectro incluye la Masonería, la tradición Hermética, la Alquimia, la Astrología (o Ciclología) tradicional, el Sufismo y el Shivaísmo advaita de Cachemira, también ocasionalmente el Taoísmo y las tradiciones precolombinas. 
Curiosamente, la experiencia personal de varios de los colaboradores de M.T. les ha llevado decididamente de Occidente a Oriente pasando, en su andadura de muchos años, por la experiencia iniciática de estas vías espirituales. Por ello hemos dedicado hasta aquí toda nuestra atención a su mensaje doctrinal y simbólico.
Sin embargo, el encuentro real, iniciático, incluso físico, con tradiciones poderosamente metafísicas y no-duales de Oriente, nos ha permitido descubrir una clara jerarquía entre las diferentes formas tradicionales vivas y accesibles, jerarquía que a veces pasa desapercibida incluso por parte de “guenonianos” y “perennialistas”, plenamente confiados en la “unidad trascendente de todas las tradiciones”, y por tanto, en una especie de “igualitarismo” entre las mismas. Esta jerarquía la establece la propia coherencia interna y metafísica de ellas mismas, pero sobretodo su caracter efectivamente no-dual, o no-dual dual, o bien simple y llanamente dual.
Precisamente y desde hace años, algunas de las primeras se están difundiendo en Occidente de manera arto falseada, como por ejemplo el Tantrismo o el Shivaísmo cachemir,  bien por “especialistas” o “maestros” poco recomendables, bien por académicos que interpretan de manera “escolar”, preñada de prejuicios racionalistas, historicistas y modernizantes, las más elevadas nociones metafísicas. En efecto, dado que la lógica no-dual es prácticamente desconocida en el mundo occidental y más aún en el moderno, orgullosamente dual y dualista, M.T. prestará una atención especial a estos temas y a estas tradiciones. 

martes, 10 de mayo de 2016

LA VISIÓN RECONSTRUCTIVA (A modo de manifiesto), por Manuel Plana

La fórmula aristotélica: “somos lo que conocemos” puede aplicarse perfectamente al mundo de la visión y de las artes visuales: “vemos lo que conocemos”.
El ojo no ve sino lo que le dicta la programación mental del individuo. Esta programación condiciona completamente los significados de lo que vemos tanto como de lo que conocemos. Ver, conocer y ser se tornan aquí sinónimos. (1)
La realidad que llamamos objetiva permanece siempre condicionada por la subjetividad del individuo, por su programación cultural, mental y personal, los cuales y a modo de filtros, revisten lo no-conocido con los ropajes y categorías de lo conocido (aprendido y asumido), con lo cual el conocer no implica revelación ninguna, ningún desvelamiento o despertar a un nuevo enfoque capaz de “ampliar” la consciencia, ni una verdadera “recreación” de lo real, que siempre se abre a lo infinito porque no está “cerrado” (ni sobre sí mismo ni a efectos de algo exterior a él) sino que constituye, precisamente, la experiencia de su posibilidad ilimitada de conocerlo y vivirlo.
Aprender a ver o ver en verdad implicaría, ante todo, liberarse de esta programación mental hecha de hábitos y pre-juicios (suposiciones) personificados, extraídos de una “cultura” (un caldo de cultivo mental colectivo) cuya definición y descripción de la realidad está sujeta siempre a los flujos de una mentalidad general que cambia con los tiempos junto a convenciones y limitaciones nuevas. Aprender a ver implicaría re-aprender la realidad, aprender a conocerla con parámetros nuevos y sobretodo verdaderos, y tener de ella una percepción y un conocimiento directos, sin filtros, sin pre-concepciones de ninguna especie. 
Como eso no es fácil o casi imposible a la práctica (2), primero tendríamos que recuperar la memoria del hecho simbólico, y después re-significar, re-nombrar de nuevo la realidad o al menos nuestro imaginario simbólico, nuestro universo conceptual de significados propios, lo que incluiría una reforma completa del pensamiento: la mente traduce la realidad según el significado que da a sus propios códigos simbólicos.

miércoles, 20 de abril de 2016

EL TAO COMO ORIGEN Y DESPLIEGUE DE FUERZAS CÓSMICAS EN LA CIVILIZACIÓN CLÁSICA CHINA (I), por Armando Montoya Jordán

En los mundos antiguos, todo lenguaje del saber y todo arte era enmarcado en una concepción cosmológica universal, para a partir de ahí, configurar las disciplinas del conocimiento, las ciencias y por extensión todo todo paradigma mítico, estableciendo de este modo los fundamentos de una tradición. Ahora bien, para una concepción tal, todo acto de conocimiento se presenta necesariamente como un experiencia que buscará trascender las leyes espacio-temporales que determinan el denominado orden natural que a primera vista determina nuestra existencia, en otras palabras la realidad como finitud. De este modo, a partir de la experiencia de lo finito se llevará a cabo una apertura hacia una realidad infinita cuya esencia se manifiesta de manera ubicua en todo el cosmos. Esto es lo que comúnmente se conoce como “Cosmovisión”, es decir una valoración del mundo a partir de una mirada en la que la naturaleza y el cosmos son vistas como la manifestación de un orden superior, orden que es la fuente de toda creación. Desde la perspectiva tradicional, el mundo no es más que un reflejo de una realidad trascendente y omnipresente, cuyo origen es necesariamente divino.
En el mundo clásico chino, todas las ciencias y disciplinas que configuraron la tradición del saber tal y cual fuera reformulado a partir de la síntesis  canónica que emergió durante la era de los “Reinos Combatientes´´, se enmarcaron en esa cosmovisión sagrada establecida principalmente sobre las bases de la doctrina taoísta, y en menor grado sobre la doctrina confuciana. Resulta evidente que los maestros taoístas se vieron a sí mismo como los herederos de ciertas disciplinas arcaicas que el taoísmo había recogido y preservado, y cuyo desarrollo resulta evidente en sus obras más representativas (Laozi, Zhuangzi, Liezi, y sobre todo Huainanzi). 

Dicho marco canónico hizo posible la unificación de concepciones cosmológicas procedentes de patrimonios míticos y tradiciones cultuales diversas, a partir de la reelaboración de una serie de doctrinas pero preservadas a partir de entonces en un lenguaje simbólico acorde con el cambio de era. Dichas concepciones son los que conforman el corpus textual de obras clásicas como el Yijing y sobre todo el Daodejing, elaborados por los maestros de las ramas confucianas y taoístas siglos antes de la instauración de la era imperial. El elemento cosmológico más característico de todo este proceso unificador es la noción central de armonía entre el Cielo y la Tierra –ya presente en el Yijing y la obra confuciana- y la noción del Tao como realidad Omnipresente, formulado por la cosmogonía taoísta (Laozi y Zhuangzi principalmente). 

lunes, 4 de abril de 2016

CORRESPONDENCIAS ENTRE EL PROCESO DE LOS TATTVAS Y EL PROCESO DE VAK

Dadas unas consultas de interesados sobre el tema de la correspondencia entre los niveles de Vak (Palabra) y los 36 Tattuas publicamos estas aclaraciones, en base a citas de:
---“VACEl concepto de la Palabra en los textos tántricos hindúes”. Andre  Padoux. Sri Satguru Publications.  Delhi- India.    Capitulo IV.    Los niveles de la Palabra [VAC]
---- “Paramarthasara”, de Abhinavagupta

 Parāvāk   

a) Parāvāk  se identifica con la Suprema Conciencia por encima del proceso de los Tattvas

  “Parāvāk, se identifica con la Suprema Conciencia, que para la Escuela Trika es prakāśa- vimarśa-maya [maya:pleno], que es a la vez la Luz indiferenciada o Pura Conciencia (prakāśa)  y la Concienciación o realización de esta Pura Luz (vimarśa).  
  Estos dos aspectos no pueden ser nunca separados y, por tanto, se encuentran en Parāvāk, a pesar de que el segundo [aspecto] corresponde más en concreto al aspecto de la concienciación. Esto está probado por la afirmación de Abhinavagupta de que Parāvāk está caracterizado por camatkāra, (1) la admiración, la alegría emocionada, el maravillarse, el intenso éxtasis experimentado por la Conciencia al revelarse a Sí Misma y al Concienciarse a Sí Misma, o al contemplar la manifestación que reside [en forma seminal] en su propio Sí Mismo.” …
    Aquí cito el pasaje de Abhinavagupta al respecto:
    “La representación (patryavamarśa) es por naturaleza una verbalización (śabdana), es decir, una enunciación interna o una expresión (antarabhilapa). Esta verbalización, realmente, no tiene nada que ver con el lenguaje [ordinario] y ‘convencional’ (samketa). Es un acto de experiencia subjetiva indiferenciada (camatkāra) comparable a un gesto de asentimiento con la cabeza (subrayando o indicando un acuerdo). Es lo que da vida no solo a la letra a sino a todas las demás que constituyen el lenguaje convencional en el plano de māyā, siendo la base de todas la otras “representaciones” tales como “yo soy Chaitra” o “ Esto es azul” [es decir, tanto de las representaciones mentales reflexivas como de las no reflexivas]. [Esta Palabra es llamada] parā  [esto es, Suprema, entendida como plenitud] porque es la Plenitud y vāk (Palabra) porque habla (vakti), es decir, expresa el universo gracias a esta “representación” (patryavamarśena). Por esta razón, [Upaladeva dice de esta Palabra] que es producida y manifestada (udita) por Ella Misma, porque es conciencia (cid-rupataya), [lo cual significa] que permanece en su propio Sí Mismo [siendo] el “Yo” eternamente existente”…

miércoles, 16 de marzo de 2016

LA DISPOSICIÓN CORÁNICA DE LOS CAPÍTULOS DE LA QUINTA SECCIÓN DE LOS «CO-DESCENSOS» DE LAS FUTÛHÂT AL-MAKIYYA (y II), por 'Abdel Baqi Meftah

EJEMPLIFICACIONES

Podemos ilustrar lo precedente con los siguientes ejemplos:

1) El capítulo 385 corresponde a la primera munâzala. Lleva como título: “El que desprecia triunfa, el que es desdeñado es proscrito”. Su sura es Lo que ha de ocurrir. Está asociada al primer capítulo del Libro de las interpretaciones titulado “La interpretación de la dominación”, cuya idea central es la exaltación y su contrario la humillación. La sura finaliza con la glorificación de al-haqq. Alaba el nombre de tu sublime Señor” (37). En la misma se expone el dominio de tiranos tales como los Thamûd, los ‘Ad, Pharaon, que no glorificaban al-haqq, como en los versículos 32-33: “Y luego, atadle a una cadena de 70 codos de largo; pues, ciertamente, no creyó en Allah, el Grandioso”. Es por ello que el sheikh denomina, en el capítulo 315 de la cuarta sección de las futûhât, a la estancia espiritual de esta sura: “estancia de la necesidad del castigo”. En el segundo dístico de la poesía introductoria del capítulo de la munâzala correspondiente, hace alusión al nombre de la sura Al-hâqqa (Lo que ha de ocurrir) diciendo: “¿No son los nombres (de Dios) la expresión de las esencias (haqâ’iq) de las criaturas?”; y en el capítulo 22 de las futûhât, denomina a la estancia espiritual de esta sura: “estancia de la Verdad principial (al-haqq)”, porque al principio contiene tres menciones del nombre al-hâqqa (38), y que el nombre haqq se encuentra en los últimos versículos (51-52): “pues, realmente, es sin duda la verdad más cierta (haqq al-yaqîn). Glorifica pues el grandioso nombre de tu Señor”. Lo que dice respecto de la localización del Principio supremo (haqq al-haqq)  (39) remite al versículo 17 de la sura: “…ocho (ángeles) llevarán ese día el Trono de tu Señor”.
El sheikh introduce este capítulo mencionando, al final del anterior, la insuflación de los ángeles y la del diablo, aludiendo con ello a los versículos de Lo que ha de ocurrir relativos a aquel que recibe su registro en su mano derecha y el que lo recibe en la mano izquierda (40).
Asimismo, al final de este capítulo, retoma el título, a manera de introducción a la sura de la munâzala del capítulo siguiente, con una alusión al versículo 16 de la sura La pluma (41): “Le golpearemos en el morro”, expresión del desprecio, de la superioridad y del desdeño hacia todo “el que jura en vano, el difamador, calumniador intrigante, el represor del bien, presuntuoso y criminal” (42).

jueves, 3 de marzo de 2016

EL PROCESO DE LOS TATTUAS Y DE LA SHAKTI EN TANTO PARÂVÂK (Palabra Suprema)

VIº CICLO DE ESTUDIO Y MEDITACIÓN: EL SHIVAISMO ADVAITA KASHEMIR.

Conferencia-coloquio a cargo de Manuel Plana.

Sábado 19 de Marzo 2016.
De 18’30 a 21 hs.

Librería Santo Domingo
C/Sant Doménec del Call nº 4. (P.S. Jaume). 08002 BCN.
Tel. 933173222.

Vimos que el despligue de los Tattuas en el Shivaismo advaita Kashemir, es el proceso de auto-manifestación de la divina Shakti según el descenso y/o contracción de sus poderes. También llamada Parâvâk (Palabra Suprema), este proceso se corresponde directamente con el discurso cósmico y con la formación del lenguaje a partir de la auto-Conciencia misma (Samvid o Parâsamvid).

Desde el Pensamiento divino indiferenciado, pasando por la ideación diferenciada, la articulación conceptual y la voz sensible, la Shakti (en forma de Parâvâk, Pashyanti, Madhyama y Vaikhari), despliega todas las posibilidades de lo cognoscible susceptible de expresión en todos los mundos, conformando igualmente las facultades cognitivas y lingüísticas del ser humano.

En este sentido, las letras, en tanto prototipos sintéticos de lo Real inherentes a la Conciencia, son literalmente las “madres” de todo cuanto existe y es inteligible. De ahí que a la Shakti también se la conozca como la suprema Mâtrikâ, siendo las “mâtrikâs” las “pequeñas madres”: las vocales (bijas=semillas) son masculinas y representativas de Shiva, y las consonantes (yonis=vulvas) son femeninas y lo son de la Shakti. Al imbricarse ambas tejen, hilan, articulan y revelan el discurso universal llamado precisamente “Uni-Verso”.

De ahí también la importancia de los Mantras, su ciencia (Mantravidyâ, Bijamantra, Japa…) y su invocación correcta, ya que todos los poderes de la Shakti -y de las shaktis menores- están depositados en ellos. Salvando algunas diferencias, encontraríamos ecos cercanos de esta doctrina en la Cábala hebrea y en la doctrina cristiana del Logos o Verbo.

En esta ocasión, estudiaremos el despliegue de los Tattuas en correspondencia con los cuatro niveles de Vâk.

martes, 23 de febrero de 2016

LA DISPOSICIÓN CORÁNICA DE LOS CAPÍTULOS DE LA QUINTA SECCIÓN DE LOS «CO-DESCENSOS» DE LAS FUTÛHÂT AL-MAKIYYA (I), por 'Abdel Baqi Meftah

El Corán es el fundamento y la fuente del Islam, como principio del sufismo (taçawwuf), de su doctrina y de su vía de realización. La enseñanza de Ibn Arabi, y particularmente su obra mayor, Las Iluminaciones de la Meca (futûhât al-makiyya), está totalmente ordenada por el verbo coránico, como él mismo indica en el capítulo 366 de esta obra: “Todo lo que hemos dicho, en asambleas y en nuestros escritos, proviene exclusivamente de la presencia espiritual del Corán y de sus tesoros…”.
Lo que presenta el señor Meftah en el presente estudio es la arquitectura simbólica de la quinta sección de las Futûhât. Esta sección es la de las “co-descensos” o “encuentros a mitad del camino” (munâzalât). Comprende 78 capítulos, cada uno de los cuales corresponde a un versículo de una sura coránica.
El “Co-descenso (munâzala)” es un modo de conocimiento espiritual caracterizado por el doble movimiento de la elevación de las consciencia del iniciado hacia la presencia divina, y del descenso recíproco de ésta hacia aquel, efectuándose el “encuentro” en un grado intermedio (barzakh). Cada munâzala constituye el desvelamiento particular de un conocimiento (recibido bajo la forma verbal de un “discurso”) que es el del verbo divino expresado por el versículo que le es asociado.
Tal como explica el autor, “la munazâla comprende cuatro partes: la ascensión del servidor, el descenso desde la teofanía señorial, el encuentro a medio camino donde se recibe el discurso, seguido del retorno del servidor al lugar de donde partió, revestido del abrigo de las significaciones de este discurso”. 
Partes que son otras tantas etapas en el proceso de conocimiento realizado por la munâzala. Igualmente es siguiendo este simbolismo cuaternario como está organizado el conjunto de la quinta sección, estando así relacionados sus 78 capítulo a cuatro grupos de suras consecutivas según la colocación en el texto coránico (1).

miércoles, 3 de febrero de 2016

LA VULGARIZACIÓN DEL SECRETO, por Arjuna

Al concluir la lucha que Jacob mantuvo con el ángel de Dios, durante toda la noche, Éste le dijo: - ¡A partir de ahora, ya no te llamarás Jacob, sino Israel! que significa: el que lucha con Él. Este hecho hizo que los descendientes de Jacob, en lugar de llamarse Jacobitas, se llamaran Israelitas; y que el pueblo que constituían, en lugar de llamarse Pueblo de Jacob, se llamara “Pueblo de Israel”. Esto incita a pensar a simple vista -o, lo que es lo mismo: de forma exotérica-, que el Pueblo de Israel, lo constituyen todos los descendientes biológicos de Jacob, el tercer Patriarca que, junto con su abuelo Abraham y su padre Isaac, constituyeron la trilogía conocida como los tres Patriarcas, de los que nacieron las Tradiciones Sagradas Judaísmo y Cristianismo (Recordemos que en el Islam, el único que intervino fue Abraham).

Pero todo iniciado, al profundizar en los Misterios, percibe que “Israel” no es un nombre designado por el hombre, sino que es uno de los pocos nombres designados por Dios, como lo fue el de Adán, el de Jesús en la Anunciación a María y el del Apóstol de la fe, a quien Jesús cambió el su nombre de Simón por el de Cefás o Pedro, que significa Piedra. Y cuando es Dios quien lo designa, el iniciado sabe que es ese nombre, el que permanece durante el tiempo. Por ello, sabe también que el Pueblo de Israel, no lo forman los descendientes biológicos de Jacob, sino todo aquel que durante su vida, después de cruzar el río del Segundo Nacimiento, mantiene su lucha interna con Dios. Y ése es el auténtico iniciado, pues la filiación biológica está limitada a eso: la Biología, mientras que la filiación espiritual, es la que constituye la auténtica Tradición Sagrada, por donde el espíritu viaja de generación en generación. Es israelita, todo aquel que lucha con ese Dios, que todos llevamos dentro.

lunes, 18 de enero de 2016

MODERNO Y MODERNIDAD, por Manuel Plana

La palabra moderno es un adjetivo que prácticamente se ha sustantivizado con el uso, de aquellos que quizá más acepciones tiene. Pero cabe destacar que la palabra en sí poca importancia tendría si no fuera porque ha pasado a denominar el “espíritu” de una sociedad como la occidental, hasta tal punto que todo lo que no es moderno es prácticamente sinónimo de anacrónico, desfasado, primitivo, incluso salvaje, tal como se consideran a muchas de las sociedades no-modernas que aún existen en el planeta. Moderno aquí es sinónimo de progreso, de sociedad “avanzada”, laica, tecno-industrial, científica, democrática, bienestar, riqueza y calidad de vida. Sin embargo, el significado original de la palabra es bien otro y mucho más modesto, palabra modesto que, precisamente, procede de la misma raíz latina que moderno, modus, modo, con muchas acepciones (modismo, modalidad, modoso, modista, manera, modular, molde, moda, modelo, modificar…). La mayoría de estos sentidos originales han desaparecido del concepto general que evoca la palabra, que ahora puede referirse, decíamos, a cosas muy distintas e incluso contrarias a parte de las ya dichas.
Es palabra que puede servir para ponderar como para execrar cualquier cosa según se considere la perspectiva. Para definirse bien necesita sinónimos y antónimos según el contexto en el que se usa, como el que decíamos de anacrónico o retrasado cuando se combina con el factor progreso y avance (especialmente científico-tecnológico). Antiguo, por ejemplo, se opone menos que viejo con moderno pero sí con nuevo, que también parece es un sinónimo suyo. De hecho aquí lo más moderno es lo más nuevo, lo más reciente, que es el sentido literal y original del término. También lo clásico es contrario a lo moderno y a lo nuevo, pero éstos no deben confundirse con lo actual, que incluye un sentido sutil de permanencia del que carece lo moderno y lo nuevo; lo clásico, según como, puede ser incluso más actual que lo nuevo en ciertos momentos. Lo moderno más se identifica con lo novedoso, con la novedad, es decir, lo cambiante, lo fugaz, lo efímero, que con lo verdaderamente nuevo. La misma necesidad de lo nuevo surge de convertir todo en viejo de prisa, usándolo, consumiéndolo y tirándolo. Todo lo nuevo pasa pronto de moda y el mundo moderno es una celebración de este fenómeno, cambiar por cambiar. Pero no es por terror a no repetirse, porque la repetición, la cuantificación y la uniformidad son precisamente las señas de identidad de lo moderno, señas que pueden ser verdaderamente asfixiantes para el individuo sean del color que sean las tendencias que enmascara lo moderno.

sábado, 26 de diciembre de 2015

PERSPECTIVAS NO DUALES DE LA PSIQUE. APROXIMACIÓN FENOMENOLÓGICA AL LOGOS ASTRAL (*) , por Sergio Trallero Moreno

Resumen:
Se plantea en líneas generales la visión de la psique humana y de los límites de su cognición dual desde la perspectiva metafísica de la espiritualidad tradicional, basada en una radical evidencia no dual, tanto epistémica como ontológica, puramente intuitiva, directa e inmanente a la Conciencia misma. Desde esta percepción se constata el sustrato no dual de todo aparecer y manifestación, entre cosmos y hombre, como establecen saberes ancestrales como la Astrología, a pesar de la aparente dinámica dual, polarizada en forma de devenir cíclico. Es así que toda reducción auténticamente fenomenológica debe desembocar en la Conciencia no dual de lo Absoluto, sin ser confundida con la mente de la individualidad humana, que eclipsa y vela en una falsa identidad egoica la única Realidad posible. 


Conocimiento no dual, conciencia y psique

Toda filosofía occidental, principalmente la moderna, permanece prisionera de categorías y esquemas duales, crecientes en la medida que la razón discursiva ha negado o eclipsado toda dimensión gnoseológica que pueda rebasarla. Vemos un mismo paradigma subyacente, como es comúnmente sabido, ya desde Platón entre el mundo arquetípico y el mundo sensible, o en Descartes entre la substancia pensante y la substancia extensa. Pero es la epistemología kantiana la más paradigmática ya que se encuentra en el trasfondo de cualquier esquema psicologista y positivista posterior. Intentando resolver precisamente la dualidad básica moderna entre racionalismo y empirismo, Kant no hizo más que desplazar el problema llegando a un callejón nouménico sin salida, a pesar de intentar salir de él a través de la fe en una “ideas reguladoras” o de la experiencia estética como confluencia de entendimiento e imaginación, soluciones más bien ad hoc en tanto corolario de su personal arquitectónica filosófica. El resultado es un sujeto atrapado en su propio esquema de entendimiento formal además de limitado a los datos sensorios, y al que se le escapa por tanto el sustrato último de su objeto, no empírico. Esto es, la conocida distinción entre el fenómeno y el noúmeno, que incluso podemos entrever en el principio de indeterminación de Heisemberg. Pero, ¿es realmente imposible toda ontología o no digamos ya metafísica (en tanto aprehensión epistémica de lo nouménico esencial) como se desprende de estas categorías y laberintos duales en los que ha desembocado el pensamiento occidental?(1)