Mundo Tradicional es una publicación dedicada al estudio de la espiritualidad de Oriente y de Occidente, especialmente de algunas de sus formas tradicionales, destacando la importancia de su mensaje y su plena actualidad a la hora de orientarse cabalmente dentro del confuso ámbito de las corrientes y modas del pensamiento moderno, tan extrañas al verdadero espíritu humano.

viernes, 30 de septiembre de 2016

EL PAPEL DE LA CONCIENCIA EN LAS TRADICIONES METAFÍSICAS (I), por Manuel Plana

La identidad entre la Conciencia y el Sí Mismo divino o Ser Supremo (Uno sin segundo, Parâmashiva, Parabrâhman, Parâmâtmâ…), hasta el punto de nombrar Suprema Conciencia a Dios mismo (Parâsamvid, Samvit, Caitanya…) es algo común y normal en las tradiciones hindúes, especialmente en los ágamas (doctrinas textuales shivaitas, advaitas y dvaitas, algunas arcaicas), en los Tantras, etc… aunque también en los Vedas. Las fuentes que lo afirman son abrumadoras. Citaremos unas cuantas: (*)

“Caitanyamâtmâ”.

La Conciencia (Caitanya, omnisciente y omnipotente) es el Sí Mismo (Âtmâ, el Ser o la verdadera naturaleza de la Realidad). Shiva-Sutras. 1ª sección Shâmbhavopaya. 1er. Sloka. Vasugupta.

“Brahman es pura Conciencia”. Aitareya Upanishad. V. Rg Veda 3. 

“Yo soy la pura Conciencia sin ninguna forma”. Avadhut Gîta. Sloka 8. Dattatreya.

“Dentro de la conciencia moran el firmamento y el mundo; dentro moran el fuego y el aire, el sol y la luna, los relámpagos y las estrellas, todo lo que está y todo lo que no está en el universo”. Aitareya Upanishad VIII, 1-3.

“El Âtmâ es todo conciencia y santidad, y el cuerpo es todo carne e impureza. Considerar a ambos como idénticos es el colmo de la ignorancia”.  Aparoksha Anubhuti. S. 19. Shankaracharya.

“El omnipenetrante (Shiva), indisolublemente unido a su suprema energía (Shakti), resplandece en los dos estados (vigilia y sueño) bajo los aspectos de conocimiento (sujeto) y cognoscible (objeto). Por lo demás, Él es la conciencia misma.”  Spanda’karika. Sloka 18. Vasugupta.

“La Conciencia es de la naturaleza del Sí Mismo, que en verdad es el Sí Mismo Divino, libre de toda condición limitativa, Así ha sido descrito en los Shastras.” Mrtyunjit o Netra Tantra. VIII.28.

“El mismo Sí Mismo, caracterizado por la Conciencia, está presente en todos los cuerpos; no hay diferencia en ningún lugar. Por tanto, aquella persona que contempla todas las cosas como la Plenitud –Pûrna- (de la Suprema Conciencia), puede vencer su existencia transmigratoria.” Vijñana-Bhairava-Tantra. Verso nº 100.

“Aunque el Sí Mismo o Ser (Âtmâ) es Conciencia pura que consiste en prakâsha o Luz, Él es denominado “YO” en la esfera de las palabras.” (…) “Su Poder, que constituye la primera Vibración (Spanda) (es) la conciencia del Yo verdaderamente.” Svatantriyasûtram. Sutra nº 3. Ksemarâja.

“Lo Divino es llamado con el término Gran Señor –Maheshvara- a causa de Su siempre-presente, inmutable Conciencia de Sí Mismo –Vimarsha-. Esta Conciencia de Sí Mismo es Su absoluta Libertad, constituye su Divina pura (shuddha) Actividad y Conocimiento.” Ishvarapratyabhijñâ. I. 8-11. Utpaladeva

“El Sí Mismo en tanto Suprema Conciencia es toda la realidad, ya que todos los existentes derivan sus existencias del Sí Mismo, y a causa del proceso de conocer, el conocido alcanza la identificación con el Sí Mismo. Así pues, tanto en el mundo o en el objeto o en la percepción mental, no existe ningún estado que no sea Shiva. Se trata del experimentador que siempre y en todo lugar existe en la forma de lo experimentado. “ Spanda’kârika. 11. 3-4. Ksemaraja.

“La única y sola Realidad es la Conciencia, Ella es única, esencia de todos los conocimientos y de todos los poderes, libre de todo, enteramente pura y sin segundo, se la llama Parâbrahman.” Kula-Arnava-Tantra. C. I. Strota nº 7.

“La Conciencia es Sat-Cid-Ânanda brillando con su propia luz, sin comienzo ni fin, sin atributos, sin cambios, más inmensa que lo más inmenso, sin cualidades. Los seres vivientes en su infinidad surgen de Ella, pero a causa de la ignorancia consubstancial, ellos se han separado como la luz que puede ser separada (solo conceptualmente) del fuego desde que surge de él. “ Kula-Arnava-Tantra. C. I. strota nº 8.


Incluso el dios creador-demiúrgico de las religiones (el Brahma Saguna afectado por Mâyâ, diferente del Absoluto Parabrahma o Brahma Nirguna, se asimila a la Conciencia y sus poderes: 

“La Absoluta Citti es la causa del siddhi (poder triple de Srsti: creación, Sthiti: conservación y Samhara: reabsorción) de este universo a partir de su propia libertad (Svatantrya). Pratyabhijñahrdayam. Sutra 1. Ksemarâja.

“Es la Conciencia pura y una la que se convierte en todo lo que existe, desde los dioses hasta la misma tierra. Los objetos pueden percibirse como puros o impuros, pero el océano de la Conciencia, siempre puro, es lo único que existe.” Cañgadeva Pâshastî. Jñanadeva.Ovînº 2.

Sin embargo, esta identidad de Dios y Conciencia es algo inusual o inexistente en las tradiciones semitas. Curiosamente, no hay ningún término hebreo del Antiguo Testamento equivalente a Conciencia (en griego suneidêsis), por eso en ningún momento aparece en el texto y menos aludiendo a Dios. Algunos autores creen que la causa puede deberse a la propia cosmovisión hebrea, tribal, comunitaria, de clan, hecho extensivo al islam (la Umma) y a la raza árabe. Tampoco en éste último caso, el islam, la consciencia tiene un estatuto ontológico ni metafísico claro, tan solo de juicio moral, como en el cristianismo, conciencia del bien y del mal.  Ciertamente, se alude siempre al Corazón como centro del ser y punto de encuentro de lo individual con lo divino, sede del conocimiento supra-racional, etc… pero sin identificar todo esto directamente con la consciencia, ni ésta con la divinidad misma.

Conciencia, del latín Cum: con, … y  Scire: saber, ciencia ,… alude a darse cuenta o conocer algo, a un acto cognitivo inmediato. Sin embargo, el sentido que tiene en las tradiciones metafísicas apunta sobre todo al hecho de “soy consciente… y además soy consciente de que soy consciente”, algo que solo el ser humano advierte, un acto “retro-flexo” bastante enigmático en cierto modo. No así los animales y toda forma de vida en sus respectivos órdenes, siempre conscientes, en efecto, pero no de serlo, lo cual añade un “plus” realmente ontológico y metafísico al asunto que no debe pasar desapercibido, sobre todo para no confundir la conciencia en sí con cualquier facultad psicológica o mental. 

Ser consciente de ser consciente indica claramente que la consciencia en cuestión tiene su causa, origen y principio en sí misma y no en otro u otra cosa distinta. Ser simplemente consciente indica disfrutar de una consciencia, poder o facultad infusa de origen desconocido para ella misma. Ser consciente de ser consciente indica tener en sí mismo no solo la disposición o el poder, sino el ser de la causa misma.

“En filosofía, los términos consciencia y autoconciencia tienen, respecto al uso que se hace de ellos, un significado técnico más complejo. La autoconciencia, en efecto, es algo más profundo que la mera conciencia de sí mismo, ya que es muy distinto el modo en que se es consciente de sí que el modo en que se es consciente de la existencia de objetos.” J. Arlés. Lectura desde la objetividad y subjetividad de la conciencia unificada. Universidad Sto. Tomás. Bogotá.
Al encarar la Divinidad como realidad exclusivamente trascendente, oculta en Sí Misma, ajena al Mundo y sin atributos, las religiones hacen de ella un misterio y una realidad ajena a todo lo familiar al hombre, a pesar de estar integrado a ella indivisiblemente (por lo que tiene de trascendente y también de inmanente). Lo mismo podríamos decir de los autores y comentaristas tradicionales occidentales. La identidad entre el Ser y el Conocer sí que está expresamente señalada por Aristóteles (Ser es conocer, conocer es Ser), aunque, como dice Guénon, poco aprovechada en sus consecuencias metafísicas por el pensamiento posterior.

La identidad de la Conciencia (informal e ilimitada) con el Espíritu está más o menos expresada, más o menos insinuada, pero nunca explícitamente señalada. Porque la conciencia siempre se ha venido considerando como una facultad exclusivamente humana ligada a lo mental, anímica, psicológica. No como un principio espiritual, trascendente, universal e ilimitado que, como todo, tiene su reflejo condicionado en el ser humano. Sin embargo, por poco que se reflexione sobre su naturaleza, incluso limitada en el individuo corriente, se advierte en seguida que se alza eminentemente por sobre todas las demás facultades (si es que se trata de una “facultad”), pues todas dependen de ella y ella de ninguna para saber de sí misma. Además, sin conciencia no puede haber tampoco identidad, un Yo consciente de su realidad actual ni sentido de presencia ni de permanencia, por lo tanto, tampoco idea de ser, principio, dios o persona, por no hablar de los innumerables derivados ontológicos, psicológicos y naturales, que se desprenden de su presencia. Anulemos la conciencia y todo absolutamente, incluso la noción de Dios y de la propia existencia, se esfumará, dicen los maestros del advaita. 

“La Realidad Suprema, irreductible, es Espíritu” en el sentido de Conciencia pura (auto-conciencia sin otro objeto que Ella Misma: Chit, Samvit, Parâsamvit, etc…) de la que proceden, como su Potencia (Shakti) y por Ella, lo mental, la materia, etc… El Espíritu (Âtmâ manifestándose como el Sí Mismo) es uno. No hay en el Espíritu ni diferencias ni grados (es absolutamente no-dual, trascendiendo incluso la distinción entre no-dual y dual). El Espíritu que está en el hombre es el Espíritu Único que está en toda cosa y que, como “objeto” de culto, es el Señor (Îshvara) o Dios. Siendo el Sí Mismo el único y verdadero sujeto de todo, se hace relativamente “objeto” de Sí Mismo.” El poder serpentino, Arthur Avalon. C.II. pg. 34. Dervy Livres. París.

La religión, decíamos, identifica la consciencia meramente con el juicio moral; la psicología a una función mental-cerebral ligada al ego y a la atención. Sobre todo se considera una facultad reflexiva, dual, es decir, “tener conciencia de algo”.  Incluso se la equipara al acto mismo de pensar, como Descartes. 

Para la opinión común, si no hubiera un “algo” de lo que ser consciente, la conciencia no tendría razón de ser, estando prácticamente supeditada a su objeto, como si ella misma como “sujeto” no existiera o no tuviera su “razón suficiente”. Siendo testigo de las modificaciones del ego, se la identifica con el propio ego mental, como capacidad de reconocer los estados dentro y fuera del yo, capacidad para captar los valores éticos, llamada así conciencia moral. En efecto, ese es el único tratamiento que en el cristianismo San Pablo le da en todas su cartas, aunque en 1 Corintios 13:12 deja entender claramente un conocimiento no-dual de la realidad divina: “Y ahora vemos (como) por espejo, oscuramente, más entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte, más entonces conoceré como soy conocido.”
En efecto, el enfoque tradicional es diferente: 

“La mente limita a la Conciencia para así permitir al hombre tener una experiencia finita. No hay mente sin conciencia como trasfondo, aunque la Conciencia suprema es no-mental (amanah). Donde no hay mente no hay limitación.” El poder serpentino. C-II, La Conciencia incorpórea. Pg. 30. Arthur Avalon.

La psicología empírica moderna, que estudia la mente y la conciencia como “objetos”, cual se tratara de un órgano fisiológico más, está aún en pañales a la hora de salvar las dificultades que conlleva encararla de este modo. Así lo expresa claramente el Sr. Rubia:

“El dualismo que subyace a algunas teorías sobre la consciencia plantea la cuestión de cómo superarlo, ya que este dualismo no ha podido aclarar cómo es posible que un ente inmaterial pueda interaccionar con la materia que es el cerebro. Estamos lejos de comprender el salto cualitativo que supone pasar de la actividad neuronal del cerebro a la experiencia subjetiva de la consciencia. (…) Si ser consciente implica la existencia de un “yo” y este yo, como nos dice la neurociencia, es una ficción, ¿qué consecuencias tendría este hecho para la consciencia? Por otra parte, ¿existe un solo yo? El psicólogo estadounidense William James planteó la existencia de al menos tres yos diferentes: un yo material, otro social y un tercero espiritual.” (…) La cuestión fundamental es, pues: ¿cómo podemos superar el abismo que separa lo objetivo y lo subjetivo, el cerebro y la experiencia consciente? Es un planteamiento muy parecido al tradicional cuerpo/alma o mente/cerebro, que han discutido los filósofos desde hace más de 2000 años. (…) La consciencia es un concepto que entendemos intuitivamente, pero que es difícil o imposible de describir adecuadamente en palabras. Se puede decir que consciencia es el estado subjetivo de apercibir algo, sea dentro o fuera de nosotros mismos. No existe ninguna definición consensuada de la consciencia. Pero consciencia significa experiencia subjetiva, o sea, lo opuesto a objetividad. En algunos escritos la consciencia es considerada sinónimo de mente. (…) También se ha considerado la consciencia como sinónimo de auto-consciencia. Pero como se puede ser consciente de muchas cosas que no son la propia persona, hoy se estima que la auto-consciencia es una forma especial de la consciencia”.  El enigma de la consciencia. Francisco J. Rubia. 

Enfocado desde la ciencia empírica moderna, el “enigma de la consciencia” aparece en el momento mismo, decíamos, en que el sujeto “científico” “desaparece” como por arte de magia… para convertirse en un ente neutro, imparcial y perfectamente “objetivo” según un equívoco criterio  diferenciador incapaz de percibir la unidad en nada. A propósito de esto dice Masson-Oursel:

“El espíritu científico, el respeto de los hechos, nos ha inclinado a nosotros a un culto a la objetividad en el cual el sujeto cognoscente cree que debe desaparecer ante la naturaleza. El asiático ve en ello un fetichismo del “dato”, de lo más ilegitimo si ese dato es muy ilusorio. Positivistas, reverenciamos los fenómenos. (…) Positivistas, concebimos el espíritu mismo a imagen de la naturaleza, como siendo lo que es, sin más, y como si no pudiera ser cuestión de cambiar en él nada. El oriental, por el contrario, no considera al sujeto como simple espejo de los objetos, sino como principio vivo susceptible de desarrollo variable según el uso que se le asigne. Bastante indiferente hacia la naturaleza, se niega a tomar al espíritu por naturaleza; su psicología no es copia de su física.” El pensamiento oriental.

Y este “sujeto científico” pretende el estudio y el conocimiento de la consciencia como “objeto” empírico de su conocimiento, sin apercibirse de que él mismo como “sujeto” que la estudia, usa de ella misma para comprenderla, proyectándole, pero, todas sus propias limitaciones (en este caso “mentales”). No obstante, ¿cómo separar el aspecto objetivo del subjetivo de ella misma? ¿No es eso una trampa instalada, no en la consciencia, sino en la mente misma del científico? 

Para el Espíritu tampoco se ha encontrado una definición o clarificación neta de su naturaleza, aludiendo que cualquier definición sería limitar dicha naturaleza, lo que, sin ser falso, es quizá a veces un subterfugio bastante cómodo, sobre todo cuando lo vemos expresado con lujo de detalles en la mayoría de tradiciones metafísicas hindúes, como una sola cosa con la Suprema Conciencia, que es también, Libertad absoluta (Svatantriya). 

¿Por qué en las tradiciones semitas (o de procedencia semita-greco-romana como el cristianismo) esta identidad de Conciencia, Sí Mismo y Ser-Espíritu-Dios nunca ha sido explicita ni clara, antes bien improcedente?  En el fondo por la concepción dual entre trascendencia e inmanencia, entre el Ser divino y el ser individual, entre Dios y el Universo, etc… En efecto, a pesar del fondo esotérico no-dual –o mejor unitario- de las tradiciones semitas, la realidad no-dual última (y también Primera) es algo que tampoco está explícitamente formulado (y menos en su expresión exotérica-religiosa). Si lo está es para indicar exclusivamente, decíamos, el aspecto trascendente e incondicionado de lo divino, pero nunca del inmanente (el universo y el hombre), que se considera, además de dual, siempre como algo distinto y separado de Dios, incluso “malo”. Ciertamente que algunos cabalistas judíos, algunos místicos cristianos (la teología negativa de la escuela renana sobretodo) y algunos maestros sufíes sí que afirman esa identidad, aunque con mucha cautela y circunspección, ya que nada puede afirmarse que contradiga la ley exotérica, dual en todos los casos.


*.-  Por la propia naturaleza del tema, en este estudio hemos preferido citar directamente fuentes sagradas y aportar las más autorizadas al respecto que argumentar y explicar demasiado nosotros mismos, sobre todo para señalar el importante papel de la Conciencia en las tradiciones espirituales de Oriente y, en cambio, tan extraño y poco o nada destacado en las religiones más conocidas de Occidente.