Mundo Tradicional es una publicación dedicada al estudio de la espiritualidad de Oriente y de Occidente, especialmente de algunas de sus formas tradicionales, destacando la importancia de su mensaje y su plena actualidad a la hora de orientarse cabalmente dentro del confuso ámbito de las corrientes y modas del pensamiento moderno, tan extrañas al verdadero espíritu humano.

viernes, 23 de diciembre de 2011

LA EDAD DE ORO COMO UTOPÍA DIONISÍACA

Desde la mentalidad moderna en la que nos encontramos inmersos se ha desarrollado toda una concepción del tiempo puramente profana, en tanto que niega toda su dimensión cualitativa en pos de una pura cantidad mensurable. En la práctica esto lo que supuso es la percepción de la historia, del devenir humano y de la naturaleza de una forma lineal progresiva y evidentemente ascendente, para dar cuenta de la inteligencia humana. Todo ello en un universo frío, vacío, mecánico, de cifras sin contenido, únicamente cuantificable y descriptivo, cual un inventario muerto, resultado de ignorar primero y negar después la dimensión cualitativa y simbólica de la realidad temporal, presente en toda sociedad tradicional. 
La perspectiva sagrada del tiempo necesariamente debe ser cíclica en el sentido en que la manifestación es un cosmos (un “orden”) que reproduce en distintos planos un mismo despliegue cosmogónico. De ahí que el simbolismo de los ritos y los calendarios fuera el de recrear una disposición primordial como constante actualización, completando en el presente (como presencia) el ciclo de retorno al origen. 
Y es precisamente en ese Origen donde está la clave de la concepción tradicional del tiempo, en el sentido en el que se presenta remoto, oculto y alejado por un lado, pero también recuperable y presente por otro, siguiendo unas pautas iniciáticas análogas al operar del Cosmos. 

miércoles, 14 de diciembre de 2011

EL SHEIKH ALAWI Y EL CAMINO HACIA LA AUTÉNTICA PAZ: LA LUZ DE LOS HIKAM COMO FUENTE DE REVELACIÓN INTERIOR EN LOS MAESTROS DEL TASAWWUF, por Armando Montoya-Jordán

Un maestro llamado Avicena dice que la nobleza del espíritu que permanece desprendido es tan grande que todo lo que contempla es cierto, que todo lo que desea le es concedido y todo lo que manda se ejecuta. En verdad, debe saber que, cuando el espíritu permanece en un verdadero desprendimiento, obliga a Dios a ir hacia su propio ser, y que si pudiera permanecer sin forma, ni accidente alguno, tomaría en sí mismo el propio ser de Dios. Ahora bien, eso no lo puede dar Dios a nadie, salvo a sí mismo, por eso Dios no puede hacer ya nada por el hombre desprendido, salvo entregarse El mismo.”   Maestro Eckhart 

Hacer una reseña de la obra y las enseñanzas dejadas como herencia por un gran maestro sufí sin aproximarnos a una breve remembranza de su figura, su imagen y la importancia de su presencia como influencia cardinal en el horizonte espiritual del cual emergió resultaría tan extraño como pretender entender el mensaje que se transmite en dicha obra sin haber tenido en cuenta el origen y el aroma que hizo posible su manifestación y el lenguaje proverbial de cuya tradición logro brotar. Es como si quisiéramos penetrar en los significados más profundos que subyacen en las formas de un tejido cuyas ornamentaciones embelesan nuestros sentidos sin plantearnos siquiera la poética de su entramado y de sus texturas, elementos que en sí mismos son los ejes reales que dan el sentido total a la imagen. 
Además, en el caso concreto al que nos referiremos, habría que considerar la influencia que dicha figura ejerció principalmente entre quienes después tendrían el papel de introducir el sufismo entre el público occidental más culto de la época de entre guerras. Tal es el caso del gran sheikh Ahmad al-alawi, uno de los más grandes santos musulmanes del tasawwuf con que el mundo moderno ha tenido la fortuna de haber entrado en contacto, y en cuya figura y obra encontramos el esplendor de una sabiduría que ha ejercido una tremenda fascinación entre las nuevas generaciones de espirituales tanto occidentales como musulmanes, quienes ven en el mensaje del sufismo una respuesta concreta a las carencias que la existencia humana, transida de desasosiego y falto de orientación, testimonia hoy en día.