Mundo Tradicional es una publicación dedicada al estudio de la espiritualidad de Oriente y de Occidente, especialmente de algunas de sus formas tradicionales, destacando la importancia de su mensaje y su plena actualidad a la hora de orientarse cabalmente dentro del confuso ámbito de las corrientes y modas del pensamiento moderno, tan extrañas al verdadero espíritu humano.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

EL SHEIKH ALAWI Y EL CAMINO HACIA LA AUTÉNTICA PAZ: LA LUZ DE LOS HIKAM COMO FUENTE DE REVELACIÓN INTERIOR EN LOS MAESTROS DEL TASAWWUF, por Armando Montoya-Jordán

Un maestro llamado Avicena dice que la nobleza del espíritu que permanece desprendido es tan grande que todo lo que contempla es cierto, que todo lo que desea le es concedido y todo lo que manda se ejecuta. En verdad, debe saber que, cuando el espíritu permanece en un verdadero desprendimiento, obliga a Dios a ir hacia su propio ser, y que si pudiera permanecer sin forma, ni accidente alguno, tomaría en sí mismo el propio ser de Dios. Ahora bien, eso no lo puede dar Dios a nadie, salvo a sí mismo, por eso Dios no puede hacer ya nada por el hombre desprendido, salvo entregarse El mismo.”   Maestro Eckhart 

Hacer una reseña de la obra y las enseñanzas dejadas como herencia por un gran maestro sufí sin aproximarnos a una breve remembranza de su figura, su imagen y la importancia de su presencia como influencia cardinal en el horizonte espiritual del cual emergió resultaría tan extraño como pretender entender el mensaje que se transmite en dicha obra sin haber tenido en cuenta el origen y el aroma que hizo posible su manifestación y el lenguaje proverbial de cuya tradición logro brotar. Es como si quisiéramos penetrar en los significados más profundos que subyacen en las formas de un tejido cuyas ornamentaciones embelesan nuestros sentidos sin plantearnos siquiera la poética de su entramado y de sus texturas, elementos que en sí mismos son los ejes reales que dan el sentido total a la imagen. 
Además, en el caso concreto al que nos referiremos, habría que considerar la influencia que dicha figura ejerció principalmente entre quienes después tendrían el papel de introducir el sufismo entre el público occidental más culto de la época de entre guerras. Tal es el caso del gran sheikh Ahmad al-alawi, uno de los más grandes santos musulmanes del tasawwuf con que el mundo moderno ha tenido la fortuna de haber entrado en contacto, y en cuya figura y obra encontramos el esplendor de una sabiduría que ha ejercido una tremenda fascinación entre las nuevas generaciones de espirituales tanto occidentales como musulmanes, quienes ven en el mensaje del sufismo una respuesta concreta a las carencias que la existencia humana, transida de desasosiego y falto de orientación, testimonia hoy en día. 


No obstante resulta evidente que dicha fascinación no ha dejado de estar impregnada de un cierto aura que bordea lo mitificado, y esto no necesariamente debido a una falta de veracidad de las enseñanzas y revelaciones dejados por este gran santo sufí, sino principalmente porque todo lo que hasta hace poco se sabía de él, más allá del circulo de iniciados y de algunas pocas obras que han permanecido fuera de circulación desde hace varias décadas, eran relatos y testimonios de terceros. Y ha sido precisamente gracias a los relatos de estos personajes, quienes a su vez tuvieron la oportunidad de entrar en contacto directo con él, que se supo de la existencia de este gran wali sufí, testimonios que llegarían a los corazones de otros intelectuales y espirituales occidentales de la época quienes luego se encargarían de difundir los principios doctrinales del sufismo por primera vez en lenguas europeas. Siendo así que el mensaje supo calar entre un público bastante más bien selecto, publico que a su vez era consciente que sus aspiraciones filosóficas y religiosas sufrían serios reveses precisamente por la manifestación de una crisis espiritual que empujaba a occidente hacia el fratricidio.
Ha sido pues bastante significativo que parte del rol que estos interlocutores tuvieron, por así decirlo, más allá de dejar un testimonio invalorable del sheikh, fue el de formular los contenidos doctrinales mas claves del sufismo entre cierta espiritualidad occidental haciendo uso de un lenguaje simbólico acorde con la mentalidad imperante y que hiciese de esta manera posible el entendimiento del islam en su sentido más estrictamente metafísico. Dicho logro no deja de ser inaudito, teniendo en cuenta el contexto en el que se dio, caracterizado por el expansionismo colonialista que había llevado por ese entonces a las potencias de occidente a subyugar política y culturalmente a los pueblos musulmanes, particularmente con la trágica e ignominiosa invasión del Magreb, lo que llevo implícitamente a un menosprecio de su legado tradicional. 
No escatimaremos en afirmar que la fuerza de la Providencia irradia su presencia axial en el mundo de lo contingente, sometiendo el destino horizontal construido por el voluntarismo humano a la fluidez de sus signos, y de este modo reordenando el curso de las almas predispuestas a la floración divina. De donde se sigue que la luz de los lenguajes del conocimiento sagrado aflora precisamente con mayor significado cuando el entorno exterior de toda espiritualidad –la religión como institución del marco social- cede a las presiones de la historia. Entonces el fuego eterno que emana de lo más profundo de su misterio se eleva cual éter por sobre el mundo manifestado, sometiendo de este modo a la materia a su grado más descendente. 
Solo tras una contemplación directa de aquellos signos universales será posible un acercamiento real a los fenómenos exteriores de la acción humana, fenómenos que rodeaban el entorno social y político del sheikh alawi y sus congéneres de manera traumática, y de esta manera poder entender el origen condicionado de estos, frente a la excelencia de las realidades espirituales. En otras palabras, solo desde esta estratificación será posible valorar las “condiciones exteriores” que hicieron posible la manifestación de dichos lenguajes gnósticos en contextos en los cuales la tradición religiosa mas aferrada a los dogmas canónicos –es decir la ortodoxia islámica más literalista- caía vejada por el ánimo voraz del materialismo colonialista. Esto nos permitirá entender lo relativo de la naturaleza contingente, sujeta por sus propias leyes de causalidad a la limitación fenoménica, frente a la libertad que fluye del conocimiento interior de las realidades espirituales. 
En ese sentido es ciertamente válido reflexionar sobre las vicisitudes históricas que sufrieron tanto él como sus congéneres en la Argelia de su tiempo, en la medida en que se sepa entender que dichos eventos están ligados por un orden temporal cuya función estaría sometida por un principio meta-cósmico. Pues es precisamente en el orden temporal donde la dimensión espiritual hace su presencia a través de las revelaciones divinas, fenómeno en estrecha relación con la revelación coránica, y de cuyas escrituras los grandes maestros del islam han elaborado las enseñanzas escatológicas pertinentes a lo largo de los siglos. Es decir que más allá del “hecho coránico” (el registro histórico), esta la revelación coránica transmitida a través del Profeta. 
Y siguiendo con la idea principal sobre el encuentro entre el sheikh alawi y sus “nuevos discípulos” venidos de otras partes del mundo ajenos al islam, añadiremos que dicho contacto, por lo demás providencial, entre una generación de mentes nuevas cuyos corazones sedientos buscaban una orientación acorde a sus intuiciones, y el alma magnánima de este santo sufí viviente, permitió un encuentro que hizo posible la continuación de las enseñanzas sufís pero, a partir de entonces con un ropaje nuevo, sin que esto significase una modificación de los fundamentos doctrinales del tasawwuf. Solo teniendo en cuenta estos eventos podremos aproximarnos correctamente a aquello que hizo posible entablar un diálogo ecuménico entre sus interlocutores y su obra, que es a través del cual el sheikh nos habla hoy en día. Hablar de esta sería pues insustancial si es que primeramente no buscásemos los significados de toda aquella tradición que dio luz a su vida y forma a su legado.


LOS HIKAM COMO LENGUAJE HIERATICO DEL SUFISMO 

Ya a través del trabajo de otros grandes pensadores y espirituales se nos ha hecho evidente que el lenguaje de los maestros sufís posee un eco paradójico, pero baste con decir que no podría ser de otro modo cuando se trata de expresar lo inasible. De ahí que tradicionalmente haya sido a través del verso que los maestros del sufismo han sabido hilvanar todo un lenguaje cargado de un simbolismo que deja fluir su naturaleza hierática en sorbos llenos de devoción y abandono. Y es justamente debido a la libertad que ofrece el verso como lenguaje cuasi epifanico lo que hace posible la conjugación de significados tan impenetrables que realizan la evocación de imágenes vivas que fluyen del corazón del visionario. 
No estaría demás añadir que ha sido gracias a la capacidad sintética del árabe, cuyas características esenciales son esa prodigiosa musicalidad, su carácter hiperbólico y una inagotable polisemia, lo que ha hecho posible que se galvanice un lenguaje que se presta a la evocación espiritual mas intima mediante la formulación de signos vivos, que es la característica más real de los hikam. Dichos rasgos han hecho posible la facultad de crear expresiones cargadas de figuras literarias hasta cierto punto casi imposibles de ser traducidas en lenguas europeas, y sobre los que se han elaborado los significados más profundos de la vía espiritual, significados que no están limitados por la mera palabra discursiva, sino que alcanzan más bien una amplificación al interior del ser humano precisamente porque el lenguaje empleado se deja sentir más allá del mero significante1
En ese sentido, de todas las modalidades cultivadas por los maestros del sufismo para poder evocar la fuerza del Principio Universal, han sido justamente los hikam los que más han sabido cautivar los corazones de aquellos que buscan penetrar en los océanos del conocimiento interior mediante la oración, la contemplación y la devoción. Estos aforismos, producto de una experiencia interior por lo demás reveladora, poseen la cualidad de poder transmitir, debido a su cortedad y concisión, una infinitud de significaciones que resumen la amplitud de interpretaciones a las que pueden estar sujetas sus máximas, dependiendo de la experiencia individual del sujeto que se confronta al entendimiento de aquellas. Si intentásemos poder aproximarnos al súmmum de su real significado solo nos atreveremos a decir que mas allá de toda la amplitud de interpretaciones asociativas que sin duda podremos extraer de ellas, hay un elemento silente que nos induce a la quietud, a la búsqueda de lo supra-fenoménico, a lo no discursivo, en resumen, al encuentro del uno-mismo:

El esfuerzo permanente es la cualidad de aquel que busca, que se orienta en la búsqueda del crecimiento de la ciencia.
Tú encontraras a aquel constantemente en su retiro, entregado al dhikr, en un estado de devoción,
Si aquel persevera en su plegaria, la luz del dhikr se expandirá en el.
Entonces, sus rasgos individuales serán corregidos, como podremos dar fe, hasta que su alma encuentra la pureza y el apaciguamiento.
Entonces sus cualidades individuales se transforman en otras. Así, el permanece sereno, firmemente decidido, aplicándose asiduamente a la obediencia,
Exigiendo explicaciones a su alma, animado por un ardiente deseo en su orientación hacia Allah.
En el temor, la esperanza, el amor, la comodidad, el dulzor y la proximidad. 
Al tomar cuenta de sus actos, entonces conduce la alabanza y el agradecimiento, buscando la protección divina, paciente y apacible. 2

Ese es pues el gran legado de todo este lenguaje sapiencial que los sabios de tasawwuf han dejado como fiel testimonio de su entrega y su búsqueda por los signos universales. Así pues la característica más esencial de los hikam seria esa capacidad de transmitir la realidad de aquellos signos, que a su vez nos son revelados y revestidos en formas sencillas, en sentencias cortísimas, aunque plenas de interpretaciones. Será necesario tener en cuenta que dichas interpretaciones parten ya de una exegesis determinada puesto que son las revelaciones que provienen del corazón del santo, quien como visionario de estas Realidades Universales –las Haqiqat al-Haqa’iq- es a su vez fuente de un tawil que vierte de un sentido anagógico a las escrituras reveladas, evitando de este modo que el corazón del devoto se detenga en el significado literal de las santas escrituras, es decir evitando que el Logos se petrifique en mera palabra escrita, y por ende en teología moralista y religionismo confesional. 



La espiritualidad musulmana ha sabido dar su lugar a esta tradición, que aunque ha ocupado una posición más discreta que las disciplinas teológicas y jurídicas del islam -disciplinas que se han afanado en monopolizar una visión uni-centrista del islam, adjudicándole de ese modo un valor principalmente moral y sociológico- ha sido fuente de constante renovación religiosa incluso en marcos donde la practicas gnósticas han sido estigmatizadas por quienes detentaban el poder religioso oficial. Y es particularmente al interior de la tariqa, la vía espiritual musulmana, que los hikam han alcanzado un grado de universalidad sin parangones en la tradición islámica. 
Además, los hikam, debido a su naturaleza directa y enigmática, poseen la facilidad de poder transmitir mensajes profundos de manera inmediata y diáfana, haciendo posible de este modo una ruptura con los estados de flujo psico-mental (es decir de la facultad puramente representativa de la mente) y a su vez ocasionando una apertura hacia las verdades reveladas, caracterizada por un acento de simplicidad. De ahí que su forma metafórica haya calado en los fieles musulmanes de todas las épocas, pues estos se identifican con las enseñanzas de los maestros que han venido a iluminar el contexto que les pertenece. Y de entre todos los sabios del sufismo contemporáneo, pocos han ejercido una influencia tan determinante en la renovación espiritual del islam como ha sido el caso del sheikh alawi, personaje central en la transmisión del tasawwuf en el Magreb del siglo XX, autor de una obra prolífica de tratados y hikam, además de ser sheikh de una vertiente de una de las cofradías mas ancestrales de África del Norte y polo espiritual de su época, Qutb al-zaman
Pero detengámonos brevemente en la formación espiritual del sheikh alawi. Se sabe en efecto que el sheikh alcanzo la dignidad iniciática de grado mayor gracias a la herencia sagrada que recibió al interior de la tariqa darqawiyya, aunque ya antes había recibido la formación isawwa, una de las cofradías con mayor carácter devocional del Magreb y aun hoy una de las más importantes del Marruecos contemporáneo. Ahora bien, añadamos algo que a los ojos de quienes tuvieron contacto directo con él les pareció evidente, que su figura irradiaba una beatitud innata, un aura pleno de presencia y de piadosa compasividad, facultades que en última instancia le permitieron ofrecer una visión de esperanza y luz a aquellos musulmanes que buscaban desesperadamente respuestas coherentes de parte de la tradición islámica sobre las condiciones hostiles a los cuales eran sometidos, es decir en unos contextos históricos bastante traumáticos, como lo fueron los decenios de dominación colonial francesa del Magreb –particularmente en Argelia- durante la vida del sheikh
Toda su vida estuvo pues entregada a la enseñanza de los suyos. Sin embargo, a pesar de la gran importancia que tuvo en la expansión del sufismo en occidente, la figura y obra del sheik alawi permanece aun en el misterio, aunque no en el olvido. Gran parte de ello se debe a que la tariqa alawiyya, a diferencia de las turuq marroquíes, ha permanecido parcialmente aislada a los confines geográficos de la república de Argelia -como consecuencia de la inestabilidad política de esta en los últimos 50 años- y a algunos países arabo-musulmanes, caso Siria, Egipto y Marruecos (con esto no queremos decir un aislamiento total, pues desde el descubrimiento de su figura tras la obra de Martin Lings, sabemos de la existencia de sendas zawiyas sobre todo en el Reino Unido y Francia). Desde entonces, la gran tarea por descubrir los tratados, poemas y comentarios espirituales compuestos por este gran sheikh ha sido ardua, pero no por ello menos fructífera, particularmente si tenemos en cuenta que los centros donde más actividad alawi se ha concentrado en las últimas décadas -Mostaganem, Argel, Tanger y Melilla- han mantenido una ininterrumpida continuidad de la pedagogía esotérica de esta cofradía, siendo a su vez los encargados de mantener viva la herencia espiritual del maestro Ahmad alawi, llegando incluso a publicar las obras del sheikh, aunque en ediciones de tirada limitada y algo escuetas. 
No obstante este aislamiento parcial, la actividad al interior y al exterior de Argelia ha sido bastante fructífera, sin mencionar las zawiyas de Tanger y Melilla -los dos centros más importantes de la tariqa alawiyya fuera de Argelia- además de nuevas congregaciones en América y algunos lugares de Europa. Por lo demás, de un tiempo a esta parte hemos podido dar testimonio del redescubrimiento de su legado particularmente en Francia, lugar donde esta cofradía ha logrado consolidar su presencia gracias a la labor de los pioneros de la escuela perennialista. Justamente debido a estos vínculos entre los seguidores del tasawwuf y aquellos espirituales que promueven el estudio y encuentro de las enseñanzas de la espiritualidad universal en el contexto contemporáneo, hoy en día podemos presenciar un redescubrimiento de las obras de este wali Allah. De hecho, tal redescubrimiento rebasa ya los confines francófonos, pues a su vez empezamos a descubrir entre nosotros sendas traducciones de tratados y hikam del sheikh alawi en lengua española. Dicho despertar es bastante significativo teniendo en cuenta que a pocos años de haberse celebrado el centenario de la cofradía alawiyya, su presencia en el mundo hispano-hablante es hoy por hoy bastante importante, particularmente en América Latina, lugar donde el sufismo ha logrado el afianzamiento del estudio y el culto del islam desde vertientes diferentes. 
¿Cómo se explica tal fenómeno? La respuesta podría ser mas bien, como no podría suceder así, pues para aquellos que vinculamos la Existencia a un horizonte más allá de lo natural3, el orden cíclico de la manifestación coránica al seno de toda la tradición abrahámica como sello de las tradiciones de origen semita, reflejaría precisamente su cualidad virtual de poder renovador de toda la espiritualidad del mundo contemporáneo. Pero debe entenderse que aquí hablamos de una renovación ad intra, es decir fuera de los confines de la tesitura social, histórica o religiosa. Pensar que dicha revelación esta necesariamente ligada a un integrismo teológico-religioso seria pecar de cierta monolatría, pues se aceptaría que el culto de otras tradiciones que se sitúen fuera del islam serian cultos a dioses ajenos a Allah, lo cual es una contradicción no solo teológica sino abismalmente teosófica4. Si el más grave error de la civilización cristiana fue el de haber encasillado a la experiencia divina en un mero ideal filosófico, trayendo como resultado el deísmo, la presunción exclusivista que han asumido ciertos círculos musulmanes conlleva el riesgo de identificar el monoteísmo como un puro religionismo vinculado a un único mensaje, un único profeta, un único dios cuasi plagado de personalismo, lo cual iría precisamente en contra de la propia revelación coránica.
Dicha perspectiva delata una tendencia de querer reducir el principio del Tawhid a una categoría pura y simplemente teológica, postura que dejaría de lado precisamente la necesidad de entender las Haqiqat al-Haqa’iq desde una perspectiva esencialmente esotérica, y por ende ecuménica, es decir desde un Tawhid ontológico5.
Las enseñanzas del sheikh alawi nos muestran precisamente que mediante el cultivo de la realidad interior del Logos revelado se desvanecen todas las falsas proyecciones exclusivistas de quienes pretenden edificar una visión monolítica del islam, visión que en su afán reivindicativo va en contra de los propios principios coránicos. Justamente, siguiendo el camino de los grandes maestros del sufismo, el sheikh alawi nos revela esa necesidad de entender las claves espirituales de la revelación islámica mas allá de los hechos humanos, evitando de este modo el oscurecimiento del ojo interior del devoto, el qalb
Creemos que la presencia providencial del sheik alawi ha hecho posible la iluminación de los senderos más íntimos del corazón del aquellos caminantes que buscan su patria ontológica, su sentido de ser, orientándoles en el exilio espiritual. Esa es en última instancia la revelación de los comentarios y hikam que nos llevan a lo más intimo de nuestro corazón, al camino de la fitrah

El más Preciado está de nuevo con nosotros, y el espíritu de la unión gira ahora en torno nuestro,
Hemos vuelto a ser lo que siempre fuimos: Uno como en el primer instante.
Un amado, cuya luz en nosotros resplandece. Una parte de esa luz sublime.
Apareció la luz del sol en la oscuridad de la luna: soy uno de esos rayos.
La pasión ha embriagado nuestra inteligencia. Parezco trastornado, pero no lo estoy. 
Nos ves entre los hombres pero no somos lo que ves. Nuestro espíritu brilla por encima de toda altitud. 6

Debemos llamar la atención del fiel creyente y del murid, que ante todo, nos encontramos con palabras que parten de una experiencia ontológica profunda, y que responden a la conformidad imperante al seno de la tradición islámica. Entendamos que la composición de estos versos es el fruto de una visión real y plena, o sea de la contemplación de las realidades mas intimas del ser humano, lo que vendría a ser una confirmación de su naturaleza teomórfica. En otras palabras, no son meras “inspiraciones” en el corriente sentido moderno que conlleva el entendimiento de esta última expresión. Nos encontramos pues con toda una autentica y milenaria tradición que hace posible, mediante la composición rimada de versos, el acercamiento y la reflexión intuitiva de aquel que en la búsqueda de las Realidades Universales, se sumerge en la fuente de los hikam como medio de conocimiento, en cuyas palabras se refleja su ser.
Ya Ananda Coomaraswamy había incidido a lo largo de sus obras sobre la integridad y el sentido orgánico de todo arte tradicional, sea el lenguaje que fuere. Esto quiere decir que, en toda cosmovisión donde se perciba la vida como algo sacro, se intuye una Realidad superior que ordena todas las modalidades de la naturaleza en el tiempo y el espacio. Y el arte que exprese una tal cosmovisión será absolutamente fiel, en su manera de formular los lenguajes artísticos, a toda aquella manifestación revelada según un acontecimiento sagrado así estipulado por la tradición en la que se enmarque. 
En el islam dicho acontecimiento es la revelación coránica en el seno del Profeta Mohamad, quien concibe en su ser el lenguaje eterno de todo ese Logos que desciende por gracia divina a través del Espíritu Santo. Que dicho Logos se manifiesta en esta revelación como una recitación resulta crucialmente importante, pues aquí la recitación esta necesariamente ligada a la repetición de la cosmogonía, es decir la auto-manifestación de las verdades universales mediante el halito eterno que insufla de vida y conocimiento al universo entero. Al hacer inteligible el conocimiento de dicho Logos a los seres humanos, la experiencia profética hace posible, virtualmente, la presencia del significado de dichas realidades ad eternum, es decir tanto en el mas allá como en el horizonte de la historia, la cual es finalmente transfigurada. De lo que se sigue que el cultivo de la composición poética de los hikam responde concretamente a cánones establecidos en relación directa a los principios metafísicos del islam. No parten pues de experiencias profanas sino de meditaciones directas sobre las verdades reveladas, y además utilizando el lenguaje que la tradición ha asignado como canónico, a través de la pedagogía iniciática que brota de las fuentes del tasawwuf. No hay pues en estas visiones alusiones gratuitas y personales, sino el mensaje de un lenguaje sapiencial que aproxima al murid a los confines del conocimiento metafísico, la tahaqqaqa, conocimiento que los sabios del sufismo han intuido como aquella bella eviterna presencia divina, al hadra al-ilahiyya, que hace posible la iluminación del centro del ser humano, su corazón, irradiando de esta manera la luz de luces en toda su Omnipresencia.

El fin último de los que sirven al Señor es el conocimiento como resultado de la visión directa y la anulación de los velos,
El guía espiritual permanece siempre próximo a su discípulo, excepto cuando llega el momento en que aquel está preparado para iniciar el recorrido sin su maestro,
En su magisterio, este no oculta nada al viajero espiritual, ni del propósito de su búsqueda ni las mociones psíquicas que se dan en la iniciación,
El discípulo permanece atento a todo lo que el maestro le indica, sin que se baste a sí mismo con los conocimientos previos adquiridos en experiencias anteriores,
Excepto de aquel conocimiento que viene de su maestro, quien se encuentra más próximo al ser íntimo del discípulo que este mismo a su sí-mismo,
Entonces llega el momento en que el discípulo obtiene la realización efectiva, de aquello mencionado anteriormente, independientemente de la realización de los estados espirituales.
La solicitud divina entonces lo sobrecoge y cuida de él, siendo así su ser unificado con la presencia del Altísimo (hadra al-quddus).


1 Acá tocamos un punto crucial para entender el esoterismo del lenguaje como fuente de una ciencia divina, pues rozamos la cuestión de la morfología del árabe como fuente de un poder soteriológico, cuyas ramificaciones nos llevarían a considerar su gematría y subsiguientemente, su numerología, temas que rebasan la tarea de este articulo. Sugerimos al lector dirigirse a otros artículos aparecidos en este blog que desarrollan dicho tema.

2 “La voie du Tacawwuf”, Sheikh Amad Ibn-Mustapha, al-Alawi. Les Editions Albouraq, Beyrouth, Liban.

3 Con esto queremos dejar claro que descartamos toda tendencia a identificar lo espiritual con toda suerte de pensamiento cíclico que no viene a ser sino una especie de ínfula naturalista que busca encasillar las Realidades Universales en un pseudo-panteísmo posmoderno.

4 Utilizamos el término Teosófico es su acepción más auténticamente espiritual, y por ende tradicional, y no en su uso tergiversado por parte de ciertos movimientos ocultistas.

5 “Consideremos pues los versos coránicos más explícitos que describen la universalidad por excelencia de esta religión:
Di: Creemos en Dios y lo que se ha revelado a nosotros, y en lo que se ha revelado a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y las tribus, así como lo que había sido dado a Moisés, a Jesús y los profetas procedente de su Señor. No hacemos distinción entre ninguno de ellos pues a Él nos hemos sometido (3:84).
A continuación encontramos el siguiente versículo: 
Y a aquellos que practiquen una adoración distinta al islam, no serán aceptados, y en la otra vida serán los perdedores (3:85) 
Ahora bien, mientras este último verso puede ser entendido desde un punto de vista teológico, como una defensa de la validez exclusivista del "Islam", definiendo esta como la ultima religión revelada al último profeta de Dios, y, tal como veremos más adelante, conteniendo la posibilidad de abrogar otros versículos que nos llevan a conclusiones diferentes, también puede ser percibida como la confirmación de la validez intrínseca de todas las revelaciones traídas por todos los profetas mencionados en el versículo anterior. Así pues el Islam posee la virtud de abarcar todas las otras revelaciones, que de hecho pueden ser entendidas como vertientes diferentes de esencialmente la única y misma auto-manifestación de la Realidad Divina. 
De hecho, ambos significados pueden ser aceptados como interpretaciones validas según el principio de la clave hermenéutica de Ibn Arabí: a saber, que no es sostenible la tesis que busca excluir la validez de una interpretación de un versículo que se sustenta en el significado literal de sus palabras. En ese sentido aquella es válida de entre un número indefinido de significados posibles que se derivan de las palabras de este verso y que han sido previstos por la voluntad divina. Así pues, ninguna interpretación es correcta y verdadera mientras excluya a las otras. Por lo demás, si aplicamos el principio metafísico akbariano, podremos sostener que la exclusión de las lecturas exclusivistas es a su vez caer en un tipo de exclusivismo. 
Por lo tanto, toda perspectiva metafísica verdaderamente inclusiva debe reconocer la validez de la perspectiva exclusivista y teológica, y a su vez también asumir -so pena de caer en una insinceridad- la defensa más convincente, más imperiosa y más "verdadera”, en resumen, la autentica comprensión del universalismo inherente al Islam”. Rezah Shah Kazemi en “The Metaphysics of interfaith Dialogue”, publicado en la edición “Paths to the heart: Sufism and the Christian East”, World Wisdom Books. 

6 “Poema de la embriaguez de la sublime presencia: Diwan del sayj Ahmad al-Alawi”, en “Revelación y Presencia Divina”, Sayj al-Alawi, ediciones Almuzara.